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“Knight and day”: Tom Cruise y Cameron Diaz, de turismo

Dos grandes estrellas, Tom Cruise y Cameron Diaz; un director eficaz, James Mangold, y una historia de acción mezclada con amor. Una apuesta en principio segura si no fuera porque “Knight and day” es tan irreal como un lujoso folleto turístico.
Porque eso es lo que Cruise y Diaz hacen en un filme con una exagerada puesta en escena para una historia que se pasea por el mundo y en la que los encierros de los Sanfermines se dan una vuelta y pasan por Sevilla.
“Knight and Day” es el último intento de Cruise por recuperar el trono perdido de actor más querido por el público.
Para ello se ha rodeado de otra de las favoritas de la audiencia, la rubia y encantadora Diaz, con quien protagoniza una historia de espías, acción y humor, mucho humor.
Aunque quizás demasiado. Porque si a algo se parece esta película es al género absurdo tipo “Airplane!”.
Si ese era el objetivo, cumplido de sobra. Su guion mueve a la risa hilarante en más de una ocasión. Un ejemplo: Cruise matando a los ocupantes de un avión mientras Cameron Diaz se acicala en el baño sin enterarse de nada.
El problema está en si Cruise y Mangold buscaban algo más serio. Entonces quizás deberían haber trabajado un poco más un guion que hace aguas por todos lados en su búsqueda del lucimiento más absoluto para sus estrellas.
“Knight and day” cuenta la historia de Roy Miller (Cruise), un tipo que mata a diestro y siniestro sin despeinarse y en cuyo camino se cruza June Havens (Diaz), una joven experta en restaurar coches antiguos.
La batalla en la que está inmerso Miller es por el control de una pila inagotable. Y frente a él, el malo, interpretado por el habitualmente eficaz Peter Sarsgaard.
En la lucha por hacerse con la batería los protagonistas pasan por Nueva York, Austria o España. Más concretamente por Sevilla, donde se desarrolla una de las escenas más surrealistas del filme.
Una persecución de coches que se topan de frente con un encierro de los Sanfermines pamplónicos. Un pequeño despiste de 945 kilómetros, que son los que separan Pamplona de Sevilla, una nadería sin importancia a juicio de los guionistas.
Si se obvian esos detalles, la película es entretenida, está rodada con ritmo y los diferentes paisajes sirven de atractivo escenario para una pareja que aún conserva el gancho.

Madrid
EFE
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