Nuria Marín

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Lunes 8 Septiembre, 2008

Creciendo [email protected]
Katrina, Gustav y algo más

Nuria Marín
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“El hospital se cierra por amenaza de huracán”. Este fue mi primer encuentro (espero el último) con un fenómeno de este tipo. Ni más ni menos, Katrina. Para nuestra suerte estábamos en Miami y no en Nueva Orleans.
Junto con mi hermana Adriana, acompañábamos a mis padres ante la enfermedad de papá. Con citas obtenidas varias semanas antes y sumidas en nuestra preocupación por su salud, la noticia nos tomó totalmente desprevenidas.
Quedó la duda de que si Katrina tocó Florida con categoría uno o dos. Luego de su paso, la ciudad fue paralizada. No se podía transitar ante el peligro de árboles, estructuras y cables eléctricos sobre las vías. El aeropuerto se cerró por varios días.
En un país totalmente dependiente de la tecnología es curioso que ciudades propensas a huracanes no estén preparadas para la suspensión del fluido eléctrico. Por días, semáforos, centrales telefónicas, tarjetas de crédito, restaurantes, ascensores, hasta las llaves (tarjetas) no funcionaban.
Visitar el supermercado era una experiencia mezcla de frenesí y urgencia por obtener las últimas botellas de agua y comestibles enlatados en medio de la terrible fetidez emanada por productos en proceso de descomposición.
Me resultaba incomprensible que una de las economías más grandes del mundo tuviera tantas debilidades, situación que dolorosamente quedó al desnudo cuando Katrina les pasó una terrible cuenta a los residentes de Luisiana, Misisipi y Alabama muy especialmente a los de Nueva Orleans.
Pésima planificación urbana, fallas en la infraestructura (diques, bombas), lenta reacción post advertencia del Centro Nacional de Huracanes, deficiencias en la coordinación y logística de rescate y ayuda fueron algunos de los errores que les significaron a las autoridades locales y a la administración Bush una cara factura.
Paradójicamente ha sido otro huracán, Gustav, el que le ha brindado a la administración Bush y al partido republicano una buena oportunidad de reivindicación. En una mezcla de prevención, acción y buena suerte, la evacuación de la población (2 millones de personas), resistencia de la infraestructura más la menor fortaleza del huracán ayudaron a contar, tres años después, una historia diferente. A ello se agregan el respeto y muestras de solidaridad de los republicanos al suspender parcialmente su Convención Nacional.
En Costa Rica hemos sido bendecidos por una menor afectación de estos fenómenos, aunque sí los hemos padecido. Con el cambio climático la situación podría empeorar. La mejor receta, no escatimar esfuerzos en prevención y preparación. En juego pueden estar las vidas de miles de costarricenses.