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Miércoles 12 Septiembre, 2012

Justa declaración de Benemérito a Fernando Lara

En mi lejana juventud fui rebelde y lo sigo siendo. Por eso agradezco este alero para comentar diversos asuntos, sin prohibiciones.
Con 14 años deambulé los alrededores del bello edificio del Congreso, ya demolido como también se devastó lo que aquella asamblea de parlamentarios significaba.
En aquellos aciagos días de gritos, insultos y peleas, vi salir con valentía y arrogancia a un hombre delgado cubierto con la bandera de Costa Rica. Me impresionó su valor y su entereza; ese día conocí a Fernando Lara Bustamante y creo era la fecha de la absurda nulidad de las elecciones.
Leía con profusión al gallardo escritor peruano Manuel González Prada y uno de sus libros “Horas de lucha”, fue manual diario. Allí aprendí a admirar a los hombres recios, de caracteres indomables, reflejados en Fernando Lara Bustamante y mi padre Enrique Guier Sáenz, y a despreciar los pusilánimes.
Rememoro conversaciones allá en la lejana época del cuatrienio 1944-1948, de que la Oposición tenía un diputado joven, febril, enérgico y delgado —Fernando Lara Bustamante— temible en sus discursos. Casi logra a través de una moción suya, eliminar la partida presupuestaria que mantenía al Ejército Nacional. Ese ideal ya bullía en su cabeza.

Triunfante el alzamiento de 1948 y constituida la Junta de Gobierno, nombró en mayo de 1948 una comisión de juristas para redactar un proyecto de Constitución Política, entre los cuales destacaba Fernando Lara quien, en su seno, propuso proscribir el ejército como institución permanente, lo que fue aceptado en el artículo 10 del proyecto.
Si bien ese bosquejo lo rechazó la Asamblea Constituyente, Fernando Lara mantuvo la llama de su inquietud. Bajo su influencia, en aquella cámara según el Acta N°101 del 4 de julio de 1949, presentaron moción sus amigos Juan Trejos, Enrique Montiel y Ricardo Esquivel —tío materno mío— para incorporar en el artículo 12 la norma desechada en el Proyecto de los juristas sobre la abolición del ejército.
Esa es la verdad histórica que defiendo e insisto, aquí y allá, debidamente documentada. Al revisar los Decretos-leyes de aquella Junta de Gobierno, pasé página por página la “Colección de Leyes, Decretos, Acuerdos y Resoluciones”, año de 1948, II semestre, en busca del Decreto-Ley del 1° de diciembre de 1948 o sus alrededores que aboliera el ejército como institución permanente. Ese decreto nunca existió.
No fue hasta pasado mucho tiempo que la Junta de Gobierno donó el terreno del Cuartel Bellavista a la Universidad de Costa Rica para constituir un museo, según Decreto-ley N°749 del 11 de octubre de 1949, aceptando que “… ha sido suprimido el Ejército como institución permanente confiándose la defensa del orden y la seguridad pública a las fuerzas regulares de la Policía Nacional… y que es conveniente que las instalaciones militares no estén ubicadas en zonas residenciales…”.
No se le puede negar a Fernando Lara Bustamante, la realidad de que fue quien abolió el ejército en Costa Rica, y además un canciller de honra que nunca vendió pasaportes diplomáticos como luego se acostumbró.

Fernando Guier