Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 8 Mayo, 2013

Bocado

Hay un ardid de quienes traman la búsqueda de una supuesta candidatura de “consenso” con un perverso cálculo político


Hablando Claro

Juegos de poder

Si todo fuera tan fácil como el restablecimiento del fluido eléctrico que por minutos dejó a oscuras la sesión de la Corte Plena del lunes, hoy se estaría escribiendo sobre el perfil y los inmensos desafíos del nuevo Presidente o Presidenta de la Corte Suprema de Justicia.
Pero está visto que vivimos tiempos de turbulencia política que agitan las aguas de todos los poderes de nuestra institucionalidad democrática y por ello, asistimos a un proceso inédito, en el que ocho (acaso nueve) magistrados han conformado un bloque de veto a las legítimas aspiraciones de doña Zarella Villanueva y don José Manuel Arroyo.
El veto a una candidatura en un proceso democrático no es nada del otro mundo. No lo es, cuando se ventilan abiertamente las objeciones y se plantean de forma transparente las alternativas. Pero este no es el caso.
Lo incomprensible de este proceso inusual, que resalta el declive de la gestión de lo político en el Poder Judicial tanto como en las otras esferas de lo público, es que no hay razones sustantivas para impugnar a ninguno de los dos candidatos en lisa.
Quienes argumentan que ella proviene de familia liberacionista y él de las filas de la izquierda, reducen las luchas intestinas de la Corte a una burda caricatura que no pasa ninguna prueba de rigor y que ciertamente debe convenir a los oscuros intereses que se están moviendo para vetarlos sin la autoridad moral, los argumentos y el coraje necesario como para hacerlo abiertamente.
Quienes dicen por debajo que ella no es brillante y él es muy autoritario, insultan la inteligencia de quienes conocemos las carreras de Zarella Villanueva Monge y José Manuel Arroyo y sabemos que tienen las condiciones suficientes y necesarias de probidad, preclaridad, corrección y honorabilidad para ser por mucho la Presidenta o el Presidente de la Corte de Justicia; que tristemente en los tiempos que corren pierde cada día un poco más lo de suprema.
No concuerdo con el Magistrado Solís cuando argumenta que en este juego lo que subyace es que la sorpresiva muerte del Presidente en ejercicio los dejó sin un liderazgo que se impusiera.
Ciertamente el deceso de don Luis Paulino fue un hecho inesperado y doloroso. Por lo mismo, resulta impropio utilizarlo como excusa ante la forma en que se han desatado los juegos de poder políticos contenidos en el Poder Judicial.
Y esto no es un juego de palabras. Lo que aquí está clarísimo, como dijo el Magistrado Vega, es que hay un ardid de quienes traman la búsqueda de una supuesta candidatura de “consenso” con un perverso cálculo político.
Un juego repugnante que afecta la imagen de la judicatura. Un juego que apuesta al desgaste de los dos candidatos que han tenido el coraje de mantenerse, siendo como son, dos piezas limpias en un tablero sucio.
Por ahora, y sabiendo que nadie puede anticipar el desenlace, lo óptimo (acaso iluso) sería que los dos candidatos lograran imponerse frente a los juegos bajos que intentan desacreditarlos aún más. A ellos y a la Corte. Después de todo, ambos podrían sumar mayoría. Aunque esto es política, no aritmética.

Vilma Ibarra