Juan Antonio rompió la regla
Juan Antonio Marín está catalogado como el mejor tenista que ha producido Centroamérica. Archivo/La República
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Al día siguiente de que los tenistas costarricenses muerden el cemento en los rectángulos del Costa Rica Country Club, salvo escasas sorpresas, la costumbre se hace ley.

En esta nueva edición de la competencia, la representación criolla formada por Tannia Aizenman, Irene Romero, Constanza Gómez, Santiago Pozuelo, Diego Chavarría, Alejandro Piedra, Ian Tracy, Rodrigo Crespo y Sebastián Quirós, repitió idéntico y válido discurso no para justificar las derrotas, sino para reconocer que los rivales pertenecen a otro mundo del tenis juvenil al que ellos no tienen acceso.
La Copa del Café queda entonces como mero símbolo de honor para los tenistas ticos que logran jugarla; pocos sobreviven a las primeras de cambio y con los dedos de una mano se cuentan quienes llegaron a instancias finales como los hermanos Fred y Kenneth Thome y Juan Antonio Marín.
Fue “Juancho”, más bien su papá Miguel el que rompió el molde y se lanzó a pista: “Vas a estudiar por tutoría, viajás a Barcelona, te pago un entrenador y te lanzás a profesional”, le dijo con seguridad y autoridad el padre al hijo y así Juan Antonio inició su carrera profesional en la que se embolsó durante 11 años la bonita suma de $1.220.000 y un menudillo.
En 1992, Marín se convirtió en el primer tico en ganar una modalidad de la Copa al triunfar en la final de dobles a la par de Adam Gusky, de Estados Unidos. Un año después, Juancho no pudo superar en la final del torneo individual al rumano Razvan Sabau, pero sí ganó la final de dobles y se convirtió en bicampeón, junto al sudafricano Jason Weir.
Miguel Marín observaba a su retoño desde el palco principal del estadio del Country, lo acompañaba diariamente a los entrenamientos en el Tennis Club y tomó esa decisión tan radical a la que temen los padres de familia de nuestros juveniles talentos.
Primero: entrenar con técnico de renombre, jugar y si hay chance, estudiar.
En Costa Rica, los padres de los tenistas deciden al revés: jugar en el nivel nuestro, representar al país en la Copa del Café, ganar una beca universitaria que les pague los estudios en universidades estadounidenses y ahí se acabó la historia.
Juan Antonio Marín rompió el molde, quebró la regla, fue campeón en Bastad de un torneo ATP, conquistó cinco títulos Challenger y se dio el lujo de hincar a Marcelo Ríos en el propio Santiago de Chile en 1998.
Puede ser que esa falta de decisión de los progenitores de nuestros tenistas juveniles, haya cortado muchas carreras y limitado muchos talentos: aplausos para Miguel Marín, quien quebró la regla.

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