Arnoldo Mora

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Viernes 15 Agosto, 2008

Jerarquías cuestionadas

Arnoldo Mora

Un hecho reciente en la vida nacional y que ha hecho noticia, viene a ensombrecer todavía más, si cabía, el ya de por sí oscuro y tenebroso panorama nacional. Se trata de los cuestionamientos legales y éticos, que se hacen por parte de amplios sectores provenientes del seno mismo del Poder Judicial a sus propias autoridades, pues estamos hablando de una institución —considerada, desde Montesquieu, como el tercer poder de la nación en todo régimen republicano que funcione con un mínimo de normalidad— que tradicionalmente ha sido pilar, no solo de la legalidad, sino ante todo, de la ética y la moralidad en que se basa la convivencia ciudadana tal como el pueblo costarricense la entiende y la vive.
Me refiero, en concreto, a la actitud de beligerante cuestionamiento que los jueces en su gran mayoría han hecho de sus propios jerarcas, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, debido a que la mencionada Corte se negó a ver el caso del magistrado suplente Sosto. Los jueces, como se ve, no están pidiendo que se condene al licenciado Sosto pues eso sería juzgar antes de analizar o hacer un proceso, sino tan solo que se acepte que el caso amerita ser analizado por la Corte. El rechazo ad portas de dicha petición ha causado desconcierto y hasta indignación en la judicatura y ha concitado el apoyo de amplios sectores de la opinión pública.
De mi parte, considero deplorable, por no decir trágico, el que la mayoría de los magistrados hayan aceptado como posición oficial ese divorcio entre ética y legalidad, cosa que el pueblo no entiende porque constituye uno de los fundamentos más sólidos de su razón de ser y su función ante los ojos y la conciencia ciudadana. La sospecha de que las supuestas influencias, por no decir, la abierta presión, del Poder Ejecutivo, doblegó la conciencia de no pocos honorables magistrados se acrecienta entre muchos ciudadanos. Con justificación o sin ella, lo cierto es que esta atmósfera es ya de por sí tan grave para la salud democrática del país como lo es la contaminación de las aguas para su salud física. Espero que las decisiones que en un futuro tomen los señores magistrados no confirmen este temor, pues sin la firme y clara división de poderes, la democracia se convierte en un simple sainete.
Vale la pena recordar lo que está pasando en otros países donde grupos que se han creído poder actuar por encima de la ley, están siendo juzgados por los magistrados de la corte suprema de su país, por lo que hoy merecen con justicia el apoyo solidario y la admiración de la opinión pública mundial. Hablo en concreto de la actitud de la Corte Suprema de Justicia de Colombia que no le ha temblado el pulso para incoar procesos a algunos jerarcas del gobierno de Uribe, acusados de complicidad con los paramilitares haciéndose corresponsables de genocidio. Los intentos de amedrentamiento por parte del gobierno no han logrado detener la acción de la justicia. Dichosamente en Costa Rica las cosas no han llegado hasta esos extremos, ni estoy insinuando que lo vayan a estar. Tan solo he querido destacar que, en este como en muchos casos similares, no se puede separar la acción judicial de su fundamentación axiológica. El derecho se basa en la ética y su aplicación constituye la institucionalización de la moralidad de una sociedad.
Por eso y para concluir por hoy, me tomo la libertad de recomendar a los señores magistrados que relean a Monstequieu, porque me dan la impresión de que conocen la ley pero no su espíritu.