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Jefes sin ingredientes artificiales
Liderar e inspirar a sus colaboradores debe convertirse en una prioridad, cuide no encasillarse en un estereotipo

Gabriela Morúa
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Un buen jefe es, ante todo, una buena persona, y alguien que brinda un ejemplo más poderoso que sus palabras u órdenes.
Es quien mantiene un balance entre su orientación a lograr resultados y su vocación de servicio.
“Es un catalizador del talento del equipo, un entusiasta del desarrollo de cada miembro. Dentro y fuera de su rol de jefe, es creíble por su integridad y por su calidad de vida integral”, afirma Germán Retana, profesor de INCAE.
Pero a veces su trabajo se convierte en un reto que no logra equilibrar, perdiendo la perspectiva de lo que es necesario para la empresa y para sus colaboradores.
Por ello, conocer qué clase de dirigente es y cuáles habilidades posee podrá ayudarle a no ser categorizado en un estereotipo que no se merece.
“Las personas auténticas y con la humildad de servir y dejarse ayudar no necesitan hacer grandes esfuerzos para ser buenos jefes, lo hacen naturalmente. La ecuanimidad les permite reflexionar sus respuestas y decisiones; por eso inspiran a su equipo a persistir pese a las dificultades y jamás se dan por vencidos. Su balance nace en sus valores”, añade Retana.


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