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Salarios inundan presupuesto portuario con tinta roja
Japdeva herida de muerte
Reducción de personal, propone empresa; jamás, responde sindicato
La empresa estatal que opera los dos puertos del Caribe sufre un padecimiento financiero, que la llevará a la muerte si no se le practica una cirugía de emergencia.
El deterioro económico de Japdeva es tan progresivo, que de no reanimarla con celeridad tendría poca esperanza de poder competir contra la empresa privada, a la que le asignaron el negocio de los contenedores en Moín.
Más bien, la competencia podría provocar la muerte del paciente.
En 2010, Japdeva alcanzó los altos niveles de carga que tenía previo a la crisis financiera.
Sin embargo, cerró con un déficit por encima de los $12 millones, más que todo por los salarios que paga a los trabajadores, que conforman la mayor parte de los gastos que tiene la empresa.
Más complicado aún, la proporción de gastos totales de Japdeva que representan los salarios, crece año tras año.
En 2011, por cada ¢100 asignados a la institución para su funcionamiento, casi ¢75 deberá destinarlos a remunerar a los trabajadores.
Además, Japdeva está obligada a girar ¢15 a obras sociales en Limón, así como en servicios y materiales.
En comparación, hace apenas cinco años, las remuneraciones absorbían tan solo la mitad del presupuesto.
Varios acuerdos aprobados por el Gobierno en los últimos cinco años para aumentar la remuneración de los empleados portuarios aparte del ajuste salarial semestral del sector público es lo que golpea las finanzas de la institución, ya que se comprometieron más recursos a pesar de que los ingresos de Japdeva no crecen desde 2006.
El resultado del incremento en las remuneraciones al personal portuario, es que a Japdeva le quedan pocos recursos para invertir en mejoras en las instalaciones del puerto, cuyas operaciones siguen siendo caras para las exportaciones e importaciones.
El 80% del comercio exterior costarricense pasa por los puertos de Limón y Moín, que son los que opera Japdeva.
Como sucede en la medicina, las partes involucradas discrepan sobre el procedimiento que se debe seguir para devolverles la salud económica a los puertos de Limón y Moín.
Por un lado, Allan Hidalgo, presidente ejecutivo de Japdeva, propone reducir la planilla en por lo menos 600 empleados, mediante el traslado a otras instituciones públicas.
De no hacer eso, la vida de Japdeva acabaría cuando arranque operaciones la nueva terminal de contenedores en Moín pues, al perder parte del negocio portuario, sus ingresos no le alcanzarían ni para pagar salarios, estimó Hidalgo.
Por otro lado, los sindicatos portuarios aseguran que jamás permitirán el despido de empleados.
Hacer eso produciría un golpe social profundo en Limón, al dejar tantas personas sin empleo, comentó Ronaldo Blear, secretario del Sindicato de Japdeva (Sintrajap).
Para restituirle la vida financiera, lo que sugiere Blear es sacar a Japdeva del abandono en que la han tenido por décadas, mediante una fuerte inyección de capital en equipo e infraestructura.
Su propuesta va enfocada a que se permita a Japdeva invertir por lo menos $150 millones en el mejoramiento de los muelles de Moín y Limón, tanto en la compra de grúas móviles, montacargas, dragado y mejoras como en la ampliación de las estructuras.
No obstante, esta medida sería paliativa y llevaría igualmente a la muerte de Japdeva, ya que los salarios seguirían creciendo y tarde o temprano volverán a ahogarla, aseguró Hidalgo.
En lo único que coinciden Hidalgo y Blear es en que la cirugía que necesita Japdeva debe practicarse pronto, tomando en cuenta que para 2016 se tiene programado el inicio de operaciones de APM Terminals, que es un grupo privado holandés al cual se le adjudicó la construcción de una terminal especializada en la atención de contenedores en Moín.
La segunda empresa portuaria más importante del mundo por trasiego de carga y operación de muelles ofreció construir una megaterminal en el Caribe, con una inversión por el orden de $950 millones.

Danny Canales
[email protected]
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