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Miércoles 24 Noviembre, 2010

Irrespeto e intromisión

La independencia de los Poderes es piedra fundamental de la democracia; garantiza el funcionamiento del Estado de Derecho. Así ha sido siempre aquí y en los países democráticos. Cuando un Poder de la República intenta imponerse sobre otro o se da una injerencia, como ocurrió recientemente con el Poder Judicial que ordenó al Legislativo un término para la promulgación de una ley, surge la protesta.
Sin embargo, hoy parece que nos encontramos ante un PODER por encima de todo Poder, que les dice a unos y otros como legislar, como juzgar, como gobernar. Poder a todas luces usurpador, que pretende arrogarse un mandato que no le ha sido otorgado por nadie y gobernar, desde Llorente, con el único fin de proteger intereses particulares.
Un medio de comunicación, desde Llorente, ha realizado juicios mediáticos ignorando el principio de inocencia que tutela nuestra Carta Magna; ha pretendido señalar al Gobierno en turno las prioridades nacionales de acuerdo a sus intereses; ha querido influir en la voluntad del legislador; ha presionado jueces y disimulado violaciones fundamentales a los derechos de las personas, todo de acuerdo a su conveniencia.
La información dejó de ser tal y se convirtió en herramienta de presión, la manipulación de los hechos y las verdades a medias han sustituido a la prensa, en otra hora responsable y objetiva. La libertad de expresión pasó a ser un arma en manos de quienes hoy abusan de un derecho sagrado, rebajándolo a simple instrumento para lograr sus fines.
Desde un inicio existió un desmedido interés por hacer del caso Caja Fischel un juicio mediático, pasando por alto las evidentes violaciones a procedimientos y derechos, y justificando lo injustificable como la sustitución de un juez casi al término del proceso.
En las últimas semanas han ido más allá, ya no se trata de presionar a un juez, ahora lo que buscan es, por un lado, desacreditar a una Magistrada y por el otro señalarle cuál es, a criterio de ellos, la razón por la cual debe abstenerse de conocer un caso.
La Magistrada, recién electa por el consenso de seis de los ocho partidos representados en el Congreso, no solo fue la mujer mejor calificada por la Comisión de Nombramientos sino que la antecede un prestigio y un nombre limpios. Por todos es reconocida su imparcialidad, capacidad, conocimiento de independencia de criterio y, aparentemente, esto último es lo que más les molesta a ciertos perdiodistas del medio de comunicación de Llorente, que han ido hasta la misma Corte a escudriñar, con ayuda de ciertos despachos, alguna forma de descalificarla.
La Magistrada se excusó de no integrar en un principio un tribunal en el caso Caja-Fischel por cuanto había resuelto medidas cautelares del Sr. Rodrigo Méndez. Pero resulta que esta persona nunca fue elevada a juicio, por lo que no fue parte del juicio Caja-Fischel. La misma jurisprudencia indica que aún habiendo dictado prisión preventiva (que no es el caso), no es causal para inhibirse de conocer un caso. Ella, prudentemente ha indicado que estudiará su posición mientras que el matutino desesperadamente lanza columnas y editorializa. ¿Cuál es el temor de ese medio? ¿A qué responde el hecho de ignorar verdaderas violaciones como la más reciente, en la que el Magistrado Arroyo resuelve por sí mismo una revocatoria, que debería haber sido conocida y resuelta por todos los Magistrados?; esto permitió que se realizara una cuestionada “rifa” para nombrar al Magistrado Suplente que, a su vez, viene a llenar la plaza de la Magistrada Sáenz que, sorpresivamente, renunció seis meses antes de que terminara su cargo.
Al medio de Llorente no le sorprendió, ni se apersonó ninguno de sus columnistas en la Corte para indagar por qué el expediente Caja Fischel nunca le fue asignado en más de cuatro meses para su estudio a la Licda. Ana Eugenia Sáenz. Y tampoco les pareció extraño que el Magistrado Arroyo indicara que un “grupo de profesionales” estaba analizando el expediente, cuando esto es potestad única y exclusiva del Magistrado. La curiosidad que los caracteriza no los llevó a preguntarse quienes eran estos profesionales, ni cómo ni quién los había nombrado.
Ya basta de intromisiones de ese medio de comunicación. Es evidente su parcialidad y falta de objetividad, pero, sobre todo, ya basta de su irrespeto a los Poderes de la República y a una Magistrada digna de todo el respeto y la consideración de los ciudadanos. Fue electa por sus cualidades, su honestidad y su renombre, no es correcto ni justo que los intereses de un medio pretendan poner en tela de juicio a una mujer que ha demostrado en todo momento apegarse a la ley.
Las decisiones judiciales deben tomarse en La Corte y no en Llorente.

Guillermo Montealegre Mata