Arturo Jofré

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Viernes 15 Febrero, 2008

Investigación: ¿gasto o inversión?

Arturo Jofré

Costa Rica nunca ha desarrollado una política sostenida en ciencia y tecnología, lo que no es excepcional en países en vías de desarrollo. El alto costo de un compromiso de este tipo y la necesidad de sostenerlo en el mediano y largo plazo, hace difícil asumir el desafío, especialmente porque debe competir con otras prioridades que, además, generan resultados de corto plazo. Los tiempos han cambiado, ahora el escenario mundial exige, a los países que aspiran al desarrollo, hacer esfuerzos en ciencia y tecnología focalizándolo en áreas clave. Varios países latinoamericanos, en distinto grado, lo hacen.
Sin embargo, la investigación puede ser una trampa que nos lleve a un escenario fatal, donde el dinero no logra transformarse en un resultado de impacto. En Costa Rica se ha planteado que deberíamos destinar al menos el 1% del producto interno a ciencia y tecnología; ahora los expertos plantean el 2%. Podemos seguir, pero dados nuestros recursos escasos, lo crucial es definir cómo logramos que cada colón que se invierte le esté dando un valor agregado real a nuestra sociedad.
Cuando nos referimos a la investigación en América Latina cometemos dos errores de fondo: (1) le damos el nombre de investigación a cualquier estudio ligero y (2) creemos que el dinero gastado es sinónimo de logro. Por ejemplo, las universidades que realizan investigación expresan así sus “resultados”: “invertimos el 5% de nuestro presupuesto en investigación”, “tenemos 100 investigadores a tiempo completo”, “tenemos 200 proyectos de investigación”. Observen que todo eso son gastos, no resultados. Ahora bien, cuando se dan resultados, lo usual es que estos no tengan mayor impacto en el medio.
Cuando se ha medido la investigación en América Latina con base en indicadores internacionales, las cosas no han salido bien. Por ejemplo, las publicaciones científicas de nuestros investigadores (que muestran los resultados de las investigaciones realizadas), nos indican que países pequeños como Bélgica o Israel por separado tienen una producción científica muy superior a la de toda América Latina. Por otra parte, la producción del investigador latinoamericano es baja y se concentra en cinco países, siendo especialmente reducida en las ingenierías y tecnologías.
La medición de la investigación no es fácil, ni en centros privados ni mucho menos en públicos, pero se puede hacer. En el ámbito internacional hay muchos casos exitosos para copiar y adaptar. Hay ejemplos de países que han trabajado bien los fondos concursables, encaminados a resolver problemas nacionales o locales; o que han definido proyectos de investigación en que los expertos logran generar paquetes que se venden a los inversionistas para penetrar con éxito mercados internacionales (producción de salmón, por ejemplo). Debemos estar atentos a no caer en la trampa de gastar dinero a cambio de nada, esa es la tarea crucial.