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Viernes, 16 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Investigación "laureada"

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 10 abril, 2008


Investigación “laureada”
De cal y de arena

Alvaro Madrigal

A propósito de la investigación sobre la penetración del narcotráfico y la guerrilla en Costa Rica, ha de advertirse que no es una investigación reprimida por compromisos o definida por objetivos políticos la que demanda el país. Ni como la que hubo cuando arribó Caro Quintero a estas costas. O cuando se supo de las contribuciones del general Noriega a reconocidas figuras políticas. O cuando se mutiló la libreta de Sinaí Monge. O lo que dejó de hacerse —omisión de nefastos efectos— en torno a la intromisión de Taiwán y de súbditos chinos en partidos y dependencias gubernamentales. Una investigación obligadamente debe partir de la advertencia hecha a un diario colombiano por el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza. “Voy a esperar qué es lo que dice INTERPOL y que alguien me diga por qué razones cree que lo que está allí (en la computadora) es verdad. Porque también puede haber falsificaciones no sólo materiales sino también ideológicas”. Cirugía de trepanación que horade hasta lo hondo de la penetración del narcotráfico y de los vínculos de los terroristas de izquierda (FARC) y de derecha (AUC). Urge saber, también, de qué tamaño es la invasión de dinero sucio que llega a Costa Rica a lavarse, algo de lo que nadie quiere hablar (menos banqueros y financistas) pero que se presume tras fastuosos desarrollos inmobiliarios.

Sí, investíguese todo cuanto haya que investigarse sobre los nexos y compromisos que hayan podido construir en Costa Rica las FARC. Con determinación y firmeza, sin contemplaciones ni compromisos, con la convicción de que hay un interés supremo en preservar la integridad de las instituciones republicanas y con la decisión de cortar por lo sano. No por efecto de una obsequiosa genuflexión a una estrategia política que se torna curiosa por el solo hecho de estar montada sobre los supuestos contenidos de una computadora que deslumbraría a cualquier aparato militar por su capacidad para resistir un despiadado bombardeo que no dejó nada en pie. Investigación con la máxima calidad, con sentido profesional, con independencia, libre de las sospechas que generen personajes que por su pasado o por su futuro puedan provocar presunciones de objetivos construidos de antemano. Media un imperativo de supervivencia de nuestra soberanía que tiene mucho que ver con nuestra calidad de vida.

Advertidos estamos. Ana María Salazar, recién salida de la Subsecretaría de Defensa de Estados Unidos y en entrevista a periodistas nacionales en febrero de 2001, nos advirtió del peligro de caer en las garras del narcotráfico y de la necesidad de ponernos las pilas y tomar precauciones. Advertencia caída en el vacío. O en los regazos de nuestra proverbial indolencia. Hoy nos estremece “la computadora que habla”, nada más que para dar paso a un pasaje de un libreto de contenido muy curioso. Y como si el asunto fuese fútil, el Presidente bota al Ministro de Gobernación y Seguridad y llena la vacante con imperdonable liviandad.