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Sábado 19 Diciembre, 2009


Invertir en construir familias sanas


Compartir una comida con un ser querido es algo más que comer, el valor simbólico de compartir un café con tamal en esta época del año va más allá del paladar, cerca de Navidad el sabor de esa misma comida se torna distinto. Los tipos de alimentos que se ingieren por temporada y los sentimientos e ideas que se forman alrededor poseen gran influencia cultural. Por lo que sería importante aprovechar esta disposición especial que se da en medio del disfrute de los tamales y las carnes asadas y otros jugosos festejos.
Era una costumbre enraizada compartir en familia por lo menos una comida al día. La cena, por ser la comida fuerte al final del día laboral y escolar, era el momento perfecto para buscar esta unidad. Hoy día diferentes causas nos distraen, o hasta nos consumen, haciéndonos olvidar aspectos esenciales de la vida, por ejemplo los diferentes artefactos de entretenimiento en habitaciones y comedores, así como los estilos de vida ajetreados, nos alejan los unos de los otros, dejando lejana la importancia fundamental que este tiempo en común posee para el fortalecimiento de los lazos paterno-filiales.
Una aseveración semejante fue externada por Bernardo Kliksberg el pasado 8 de octubre en su conferencia sobre “Familia, política social y prevención de la violencia”, impartida en Casa Presidencial. Kliksberg casi literalmente comenta que: “una de las mejores cosas que le pueden pasar en la vida a un joven es nacer en una familia donde se comparte la comida familiar todos los días, a la noche, a la mañana, al mediodía, los fines de semana, cuanto más frecuente mejor. Al compartir este momento los menores optimizan el vocabulario y el rendimiento en la escuela”.
Los espacios de conversación que provee la cena familiar colaboran a cultivar en los niños, niñas y adolescentes las expectativas de vida a seguir, es un momento en el que por modelaje se enseñan etiqueta, buenos modales y cortesía. Al transmitir a los menores estas normas de comportamiento social beneficiosas, se estimulan los comportamientos deseables que son de bienestar común —como el ser esforzado y solidario—, y se desaniman los indeseables por no aportar a la sociedad, por ejemplo, la agresividad o el egoísmo, lo que nos brinda la oportunidad de construir en el seno familiar un código social que define nuestro comportamiento fuera del hogar.
De ahí que, en estas fechas especiales en las que nos encontramos más sensibles a mejorar hábitos, y buscar la calidez del hogar, procuremos compartir en familia al menos una comida al día, y propiciemos en ella el diálogo y el fortalecimiento de las relaciones familiares. Este fin de año invirtamos este espíritu de algarabía y festejo en construir familias sanas desde el quehacer personal.

Tanya Brizuela Henríquez
Antropóloga