Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 24 Noviembre, 2008

Inteligencias

Claudia Barrionuevo

La inteligencia se define como la capacidad de elaborar pensamientos abstractos y resolver problemas. Hay otras características humanas que tienden a confundirse con la inteligencia, como el ser instruido, astuto o tener sentido común.
En 1983, Howard Gardner, investigador de la Universidad de Harvard, publicó su teoría sobre las inteligencias múltiples.
Según este estudio, existen al menos ocho inteligencias distintas que —en todo ser humano— trabajan juntas aunque se desarrollan de manera diversa: la lingüística, la lógica-matemática, la corporal y kinésica, la visual y espacial, la musical, la interpersonal, la intrapersonal y la naturalista.
Tal vez en una revisión de este estudio otros investigadores —o el mismo Gardner— podrían ampliar esta lista e incluir otras inteligencias. Creo que habría que incluir, por ejemplo, la maternal/paternal.
O bien, si se aplicara esta teoría en el ámbito nacional, habría que considerar a la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional (DIS) como una de las inteligencias costarricenses.
Parece increíble que mientras están siendo enjuiciados dos ex presidentes de la República por supuestos casos de alta corrupción, esta no merma. Al contrario.
A lo mejor —o, mejor dicho, a lo peor— justamente por el hecho de que muchos delitos de cuello blanco quedan impunes, la delincuencia de alto vuelo continúa siendo el pan de cada día. Hablando de la inteligencia maternal/paternal, hay que considerar que el ejemplo es un elemento fundamental del aprendizaje de los hijos. ¿Qué estamos aprendiendo de nuestros “mayores”?
Quienes piensan que los costarricenses no tienen capacidad de organización están equivocados. En cada uno de los casos que la Fiscalía ha destapado (Fischel-CCSS, ICE-Alcatel, y ahora este) se ha demostrado que los nacionales son hábiles para crear grandes equipos de especialistas en diversas ramas, con acceso a la más alta tecnología y con diversas inteligencias interrelacionadas, todo para obtener altos beneficios económicos.
Lo peor en este nuevo descalabro es que uno de los supuestos cabecillas estaba a cargo de la seguridad del Estado. Y —aparentemente— hasta en la Casa Presidencial laboraban algunos de los socios de este nuevo grupo. Si los que nos cuidan de los “malos” son aparentemente “malos”, ¿en quién podemos confiar?
Menuda tarea ha tenido que enfrentar el Fiscal General de la República desde que asumió el puesto. Uno —que ya no tiene santo en que persignarse— confía en que el señor Dall´Anese pueda llegar a buen puerto con tantos casos.
La inteligencia tiene sus límites. La tontería no. La delincuencia —al parecer— tampoco.

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