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¡Inteligencia ante los desafíos!

Es cierto, el entorno influye; pero la magnitud y tipo de su efecto depende más de quien se expone a esa influencia. Por ejemplo, si un equipo deportivo impide que los factores negativos que están fuera de la cancha afecten su rendimiento, entonces realizará su trabajo conforme lo ha visualizado de antemano. De lo contrario, si cae en la trampa de aceptarlos, lo obligarían a cargar con ellos, y estos van a interferir su fluidez mental.
Hay equipos y personas que fracasan no por la superioridad de la competencia externa sino por su incompetencia interna de no ser sólidos ante las provocaciones y los distractores. “Escoja programarse a sí mismo, en vez de dejar que los negativos lo programen a usted. ¡Escoja ganar!”. Esta exhortación de Willie Jolley nos recuerda que somos orientadores de nuestra propia “fábrica de pensamientos: la mente”.
La disciplina de procesar los distractores externos a favor del equipo facilita focalizar la energía en alcanzar el máximo desempeño y el objetivo. Al mismo tiempo, esta inteligencia para convertir factores negativos en algo positivo, hará que el equipo sea cada vez más receptivo a enfrentar retos crecientes. Si todos sus miembros reaccionan con ecuanimidad ante la presión externa, el equipo hará gala de una alta inteligencia emocional, producto de su habilidad para concentrarse mentalmente.
El intelecto es el “software” que hace funcionar la “fábrica”. Llevarlo al gimnasio permite que desarrolle músculos como el buen discernimiento en situaciones límite, la perseverancia ante las adversidades y la prudencia ante el éxito temporal. En ese gimnasio se encuentran “máquinas de ejercicios” como la lectura, nuevos aprendizajes, buen cine, discusiones productivas con colegas y la solución de dilemas. Si lo anterior se hace en equipo, se produce además una sinergia especial, un sentimiento de unión y compromiso para poner tanta buena actitud al servicio de la aptitud técnica que es crucial para lograr los resultados.
Así, los equipos con fuerte músculo mental lucen concentrados, focalizados en su visión de futuro, emocionalmente solventes ante escenarios adversos, y con un espíritu ganador que obliga a sus competidores a mirarlos con respeto y de igual a igual.
Esta sólida inteligencia estimula el disfrute de competir donde sea y con confianza. Incluso, las supuestas influencias negativas son procesadas con rapidez y se convierten en combustible para incrementar aún más el autocontrol y el gozo de saberse capaces de trascender, fluir e inspirarse con convicción.
¡Ganar, ganar, ganar! La consigna de los inteligentes que no se dejan intimidar por muros que surgen para ser saltados, que tienen serenidad en su conciencia porque siempre se dan con todas sus fuerzas por el ideal del equipo.

German Retana
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