Carlos Denton

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Miércoles 19 Marzo, 2008

Integrando los valores

Carlos Denton

La negociación entre los países centroamericanos y la Unión Europea (UE), con el objetivo de llegar a un tratado de libre comercio, conlleva —con más énfasis de lo que se vio en el acuerdo con Estados Unidos— unos elementos culturales que están provocando reacciones variadas en la región. La eliminación de la pena de muerte en Guatemala, anunciada por el presidente Alvaro Colom la semana pasada, es solo un producto de la presión que proviene de Europa, como parte del proceso que podría culminar en un tratado con el Viejo Continente. La reunión de los presidentes de Centroamérica para reafirmar la “independencia jurídica” de cada nación del istmo, también es una reacción a las presiones europeas.
Los europeos, en contraste con los centroamericanos, están empeñados en llevar a cabo un proceso de integración que va mucho más allá de lo que es “el libre comercio” entre los 26 países que forman ahora la UE, y visualizan, aparentemente, algo similar para sus posibles nuevos socios tropicales. Consideran que la mejor salida de la pobreza económica que azota mucho del istmo es un proceso de integración más amplia, que incluye la formulación de valores compartidos entre los pobladores.
La UE ha sido promotora del Parlamento Centroamericano (PARLACEN), y ha aportado recursos para la operación de esa institución por muchos años. También apoya a la Corte Centroamericana de Justicia, y presiona para que el proceso de unión aduanera en la región prospere. Ha visto que estas instituciones y procesos que ayudó a formar o poner en funcionamiento aún “renquean,” y busca, como parte de la negociación para un tratado de libre comercio, medidas que puedan ponerlas a funcionar de manera más efectiva, incluyendo la formación de valores comunes entre los centroamericanos.
Se entiende en parte la perspectiva de los europeos —la historia de esa región ha sido por siglos la más sangrienta de cualquier parte del mundo, y en muchos casos los conflictos que tuvieron origen en el Viejo Continente, terminaron extendiéndose a todo el globo. La solución integracionista es la que han adoptado ellos para evitar repeticiones de las catástrofes que, con cierta regularidad, han impuesto a sus pueblos, y que tuvieron como producto la pobreza, la emigración de sus jóvenes (ver San Vito como un ejemplo), y el estancamiento de sus economías.
Han entendido los europeos que un proceso integracionista, como el que visualizan para su área del mundo, tiene que ir más allá del libre comercio y el fortalecimiento de instituciones en común. Ahora buscan ponerse de acuerdo en lo que son los derechos humanos, la protección de los grupos minoritarios, el cuidado del medio ambiente, la eliminación de la corrupción y muchos más. Quieren los de la UE que Centroamérica adopte muchos de los valores que ellos ahora promulgan, y además que acepte con ganas las instituciones integracionistas. También quisieran ver cómo se podría formular un conjunto de “valores regionales” centroamericanos que se promueven oficialmente.
Los centroamericanos, y en especial los costarricenses, buscan un acuerdo fundamentalmente comercial. El nuevo socio potencial europeo quiere mucho más. Será interesante ver en qué quedan los dos lados a final.

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