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Iniesta acabó con las naranjas

El “orange, orange” sonó en cada instante del partido; con mucha más fuerza cuando Arjen Robben tuvo en sus pies dos acciones claras para anotar; no los hizo, entonces, cuando Andrés Iniesta anotó en el cierre del juego, convirtió el Jazz Café Escazú, cuartel de los tulipanes, en un convento.
Unos se taparon la cara con la camisa o la bandera; otros miraban el piso o el cielo, algunos prefirieron darle la espalda a la pantalla y solo unos pocos observaron como los jugadores españoles celebraban.
Comprendieron que ese gol de Iniesta sepultaba todo tipo de aspiraciones, por lo que ya cantar no estaba en el libreto. “Prefiero perder así, que perder por penales, no confío en los penaltis”, dijo Jolanda Van Geruen, quien es de Eindhoven y observaba junto con algunos familiares el encuentro.
Terminado el juego, la mayoría comenzó a abandonar el lugar y en los pasillos, la entrada o la fila de salida los comentarios no se hacían esperar y el tema de conversación era las oportunidades fallidas de Robben, su referente al que aplaudían y coreaban el nombre cada vez que tocaba el balón.
“La jugada de Robben, casi, casi”, dijo Freddy Hoyng, de Amsterdam, “eso hubiera cambiado el partido. Estuvimos muy cerca de ganar”, aseguró.
A la salida, despidiendo a los suyos se encontraba el señor Matthijs Van Bonzel, Embajador de Holanda en Costa Rica, quien agradecía el apoyo a sus coterráneos.
“Fue un partido lindísimo, es una pena haber perdido porque existía una gran ilusión, pero España fue un excelente equipo”, comentó el diplomático Van Bonzel.
Así las camisas naranjas empezaron a perderse de vista, con el pensamiento de que el pulpo “Paúl” volvió a atinar.

Dinia Vargas
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