Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 27 Enero, 2017

Serán años duros para el ambiente, para las personas LGBT, para las mujeres, para los migrantes, para las personas negras, para la clase media, para los pobres, para las personas jóvenes y para estudiantes

Inicia la era de Trump

Una semana cumple Donald J. Trump de haber sido juramentado como el 45° presidente de Estados Unidos y desde ya es sumamente clara (y escalofriante) la línea que seguirá su gobierno durante los próximos cuatro años.
Este probablemente sería un caso en el que preferiríamos que el Presidente no cumpliera sus promesas de campaña, pero Trump no llegó a la Casa Blanca para eso. Una minoría lo eligió, pero esa minoría resultó estar tan bien distribuida que fue suficiente para obtener más de 300 votos en el Colegio Electoral, y ahora Trump complacerá a esa minoría que lo colocó ahí, así haya sido el Gobierno ruso. Y le será particularmente fácil por la gran deuda que tiene el Partido Republicano con él y por las mayorías en ambas cámaras que gracias a Trump sostienen.
Es decir, Trump ahorita tiene cómoda mayoría en la Casa de Representantes, una mayoría ajustada en el senado, mayoría en las gobernaciones de los estados (todo gracias al boom electoral que resultó ser Trump en los battleground states) y, como cereza en el pastel, los republicanos tendrán mayoría en la Suprema Corte de Justicia, ahora que nombrarán al sustituto de Antonin Scalia, quien falleció el año pasado, y los que suplirán a los jueces que se retirarán en los próximos años. Eso pone en riesgo muchísimas conquistas y progresos alcanzados en EE.UU. y le da a Trump un margen de acción sumamente amplio.
Recapitulemos algunas de sus primeras acciones: eliminar la versión en español de la página web de la  Casa Blanca y cerrar sus páginas sobre derechos de las mujeres y de las personas LGBT. Firmar la autorización para la explotación petrolera por medio de dos oleoductos con un impacto ambiental sin precedentes: el Keystone XL; que va desde Alberta en Canadá hasta Nebraska, donde se conecta con otros oleoductos y así llevar petróleo desde Canadá hasta Texas por más de 1.900 Km; y el Dakota Access, que va desde Illinois hasta Dakota del Norte, está a punto de ser terminado y el tramo faltante impacta severamente tierras sagradas para la tribu sioux de la reserva Standing Rock. Ambos fueron vetados por Obama y ahora resucitados por Trump. La responsabilidad de EE.UU. en trabajar por revertir el cambio climático y buscar medios sostenibles para el transporte desaparecerá.
En la Oficina Oval, rodeado de seis hombres y ninguna mujer, firmó una prohibición para que las ONG que trabajen en derechos sexuales y reproductivos como herramienta de cambio social, la principal de ellas Planned Parenthood, no reciban un solo dólar de los fondos federales. Un golpe importantísimo para los derechos de las mujeres y para la planificación familiar como herramienta para reducir la pobreza en tantos países.
Y por supuesto, el tema migratorio no podía faltar. Trump anuncia, como régimen de terror, políticas duras contra los migrantes y deportaciones masivas. En otras palabras, separación de familias, destrucción de sueños, cacería de brujas, división y xenofobia. Muchas de las ciudades más grandes, gobernadas por demócratas, han anunciado la resistencia. Ciudades como Nueva York, Chicago, San Francisco, Los Ángeles y Boston se han nombrado como “ciudades santuario”, en las cuales todos serán bienvenidos y seguros, y se rehusarán a aplicar las medidas migratorias de la Casa Blanca. La respuesta de Trump es recorte presupuestario para estas ciudades, y la de los alcaldes es el pleito en los tribunales de justicia. En una ciudad como Austin, Texas, será particularmente complicado el desencuentro que tendrán el alcalde demócrata contra su gobernador republicano y las posibles amenazas presupuestarias. En particular Nueva York y California, con la ventaja que les da su altísimo nivel de ingreso (mayor que el de muchos países), serán posiblemente los estados más rebeldes en estos cuatro años de extrema polarización política.
Estos son solo algunos ejemplos de qué se podrá esperar de los próximos cuatro años con Donald Trump como presidente de EE.UU. Serán años duros para el ambiente, para las personas LGBT, para las mujeres, para los migrantes, para las personas negras, para la clase media, para los pobres, para las personas jóvenes y para estudiantes. En uno de los puntos de mayor debilidad para el Partido Demócrata, ellos tendrán que cambiar su estrategia enormemente para 2020, de lo contrario cuatro años de terror se podrían convertir en ocho.