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Viernes 4 Julio, 2008

Ingrid Betancourt, prometedora carrera política

De visita en Medellín en febrero de 2002 estaba maravillado de la diversidad y complejidad del pueblo colombiano, en aquel momento el gobierno y la sociedad civil organizada consumaban acercamientos de diálogo para la promoción de la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias, abonado además con un hecho relevante para la historia colombiana; los comicios presidenciales, que conllevaban a la búsqueda del caudal de votos mediante el ejercicio de campañas electorales en el seno de las necesidades sociales más relevantes, incluidas la seguridad y el narcotráfico.
La buena noticia de este proceso se dio para el candidato Alvaro Uribe en contraposición a su virtual oponente Horacio Serpa. Sin embargo, lo que más me llamaba la atención en ese momento era la postulación de la candidata Ingrid Betancourt; figura desconocida para mí, que provenía de un partido con poca trayectoria en la arena política: Oxígeno Verde, que la llevó en 1998 al Congreso y la consagró como la candidata más votada.
La carrera política comenzó desde antes, ya que mediados de los años 90 Betancourt se había convertido en la diputada más votada del Partido Liberal, del cual abjuró años más tarde tras denunciar la influencia del narcotráfico en la vida política. En el año 2001 arremetió contra el presidente del partido del que era militante y por el que fue elegida y publicó en Francia el libro “La rage au coeur” (La rabia en el corazón), que desató una fuerte polémica en el pueblo colombiano, en el cual calificó al Congreso de “nido de narcotraficantes” y acusaba a Ernesto Samper de haber sido financiado por el cartel de Cali.
En mayo de 2001, Ingrid renunció a su escaño en el Senado, para presentarse como candidata a las elecciones presidenciales de mayo de 2002.
El 23 de febrero de 2002 la noticia de fondo en Colombia era el secuestro de Betancourt y su compañera de fórmula Clara Rojas por parte de guerrilleros de las FARC, en la región del Caquetá, la cual fue incluida como zona neutral y que sirvió para los diálogos del Ejecutivo con las FARC.
Su caso fue alcanzando trascendencia internacional y determinó vaivenes en la relación entre Colombia y varias naciones. Seis años más tarde me siguen impresionando el carácter recio de Ingrid, su capacidad intelectual y su ejercicio político. Las autoridades le habían advertido sobre el riesgo de viajar a esa zona, pero Betancourt viajó igual, convencida de que sus posiciones progresistas eran su mejor escudo de protección frente a los rebeldes.
Detrás de la imagen abatida, demacrada y silenciosa por las condiciones de cautiverio que vivió, nos encontramos ante una mujer que será reconocida por su valentía, si Ingrid regresara a la vida política nuevamente como congresista, en las próximas elecciones sería elegida sin tropiezo. La opinión pública local y supranacional la ubica como una sobreviviente de las luchas de grupos insurgentes y publicidad le sobra. A pesar de tener seis años de inactividad política formal se consagra como una candidata más fuerte. No hay duda alguna de que los próximos meses prometen ser muy animados para la historia colombiana…

Ocliver Alonso Rojas Gómez
Politólogo y estudiante de maestría centroamericana de ciencias políticas