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Con algo más de buena educación, repudiaríamos las imágenes brutales, sangrientas o desconsideradas que hoy se nos ofrecen, en vez de buscarlas

Indignantes imágenes

Muchas son las críticas a medios de comunicación que publican imágenes despiadadas de sucesos en los que una o más personas han muerto por accidentes o crímenes, y que lo hacen por interés mercantil.
Es obvio que si de informar a la población se trata, esto puede hacerse sin incluir una fotografía y un vídeo de los hechos tomados antes de que los cuerpos de las víctimas sean retirados.
Existe una diferencia también entre quienes aceptan que esa es su forma de comunicar y guardan así coherencia entre como se presentan ante la opinión pública y como realizan su trabajo, y quienes dicen no ser amarillistas pero también publican imágenes crueles sin ninguna consideración para los familiares de las víctimas.
Sin embargo, el tocar el tema no tiene que ver con enjuiciar ni a unos ni a otros, que actúan bajo su propio riesgo y cuenta y asumen la responsabilidad ética de su producto.
La inquietud más bien surge por otro lado. Es preocupante comprobar que esas publicaciones, que han elegido ese tipo de lucha para aumentar el rating y las ventas, denotan la situación de la educación en el país.
Si muchos costarricenses prefieren ver noticieros de televisión o adquirir periódicos donde la conquista del público se logra mediante la explotación de un evidente morbo, con imágenes amarillistas, y no por la calidad del trabajo informativo, eso quiere decir que la educación en el país está a ras del suelo, aunque no se pueda generalizar.
Esto nos indica en la práctica, que como país nos vendemos con una imagen y en realidad nuestra educación no se corresponde con ello.
Y no debemos confundirnos. En el caso de quienes han realizado estudios, puede que no cuenten más que con los conocimientos en la materia o profesión a la que se dedican y esto, claro, no es ser educados, es nada más contar con alguna instrucción.
En otros casos, la falta de educación puede provenir de la suma de una falta de escolaridad con una inadecuada formación recibida en el hogar.
En definitiva, deberíamos adquirir conciencia de la urgente necesidad de retomar la preocupación y apoyar las acciones para una buena educación a todos los costarricenses.
Si nuestro nivel se eleva, en ese sentido, no cabe duda de que los medios de comunicación deberán cambiar su estrategia hacia el éxito.
Con algo más de buena educación, de consideración por el prójimo, repudiaríamos las imágenes brutales, sangrientas o desconsideradas que hoy se nos ofrecen, en vez de buscarlas. Dejaríamos el camino de la degradación para retomar el de la formación hacia mejores seres humanos.
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