Enviar
Jueves 20 Octubre, 2011

Indignados: una ciudadanía cansada

Mientras que en 2010 y lo que va de 2011 se han dado una serie de alzamientos populares denominados “la primavera árabe”, movidos por el cansancio de estar sometidos por décadas a regímenes dictatoriales y en busca de la ansiada democracia; en el mundo occidental se da el movimiento denominado “de los indignados” que busca dignificar al ser humano que es visto por grandes corporaciones y muchos bancos como una mercancía preparada para consumir.
Es interesante analizar el nacimiento de toda una corriente económica-liberal, que se engendró en el seno de las grandes universidades, proliferó en las bolsas de valores y se diseñó para favorecer a un pequeño grupo de corporaciones, que crearon la denominada “ingeniería financiera” para hacer negocio con la manipulación de los precios de los bienes y servicios transables a través de productos financieros que consumimos los mortales hoy y en un futuro.

El desprecio hacia los más débiles desde el punto de vista de consumo, la excesiva competición de todos contra todos, la insaciable sed de riqueza que da la acumulación del dinero, y la complicidad de los gobiernos para “salir al rescate” de los poderosos en los momentos de crisis, hacen ver al ciudadano común y corriente, anestesiado e indiferente ante la voracidad excesiva y sin límites de corporaciones, banqueros y multinacionales, versus la precariedad laboral, recortes presupuestarios, incremento en los impuestos, manipulación en tasas de interés, y otra serie de elementos que la denominada partidocracia de turno nos imponen.
Si el alzamiento de los indignados no es contaminado por fuerzas de extremas, podríamos decir que estamos ante un movimiento mayor a la primavera árabe, con mucha mayor trascendencia, ya que es una revuelta contra el sistema capitalista, contra los esquemas de consumo que nos han impuesto, contra los gobiernos que invierten más recursos en proteger a los poderosos y que amartillan a la ciudadanía con esquemas impositivos que garanticen la sobrevivencia de los políticos protectores de sus intereses.
Que en Costa Rica las instituciones públicas nunca se olviden del rol social para el cual fueron creadas, que las empresas y corporaciones aparte de amasar riqueza, sean solidarias e incluyentes con la ciudadanía, a fin de lograr un sano equilibrio entre la paz social y los indicadores económicos que hemos diseñado como representativos de paz financiera.

Mynor Retana C.
Ingeniero
[email protected]