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El 15-M está organizando otra huelga para el 15 de octubre en contra de una nueva norma laboral

Indignados no paran

En un principio el detonante del movimiento 15-M en España fue la falta de empleo, pero ya los reclamos salpican a casi todo el sistema. Cualquier vicio del esquema es una razón para acorralar a cualquier político a punta de gritos, muchos gritos.
La causa de las movilizaciones: la lejanía de la añejada clase política española de las preocupaciones ciudadanas ha hecho aflorar todas las frustraciones de un pueblo que no se siente representado por sus gobernantes.
Pero aunque pareciera que los indignados comienzan a ver frutos, siguen surgiendo nuevas razones para su enojo.
Ayer los diputados de la Cámara Baja del Congreso español escucharon a representantes del 15-M acerca de sus reclamos sobre el actuar de los partidos políticos y el sistema democrático.
En ese tema, una posible solución vendría de la mano de una iniciativa del partido Izquierda Republicana de Cataluña, que recupera un proyecto de ley de transparencia, participación política y control de las instituciones democráticas.
Sin embargo, donde se soluciona un problema, por otro lado aparece uno nuevo, pues ahora el 15-M está organizando una nueva huelga (supuestamente para el 15 de octubre) en contra de una nueva ley de negociación colectiva, que modifica la forma y los plazos de las convenciones colectivas en España.
Lo que más les indigna es que esta norma establece que las empresas puedan adaptar las condiciones de trabajo y los salarios en casos de “necesidad” de la compañía, a pesar de que haya un convenio en vigor.
Y es que lo que ha surgido en España no es algo pasajero, sino un movimiento social que no piensa parar hasta hacerse oír y conseguir soluciones.
Prueba de esto es que su inspiración está en Islandia, donde los movimientos populares consiguieron varios cambios entre en 2008 y 2009, desde la renuncia de un primer ministro hasta la convocatoria de un referendo.
Así es como mientras sigan surgiendo decisiones ciegas (y sordas) del Gobierno y del Parlamento español, los indignados continuarán gritando y convocando a movimientos de otros sectores de la sociedad española (y quizás europea). Habrá que esperar para ver hasta dónde piensan ir y qué soluciones verán surgir.
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