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Evaluación de activos financieros

Como parte de la cultura general del inversionista, resulta elemental conocer sobre algunos modelos para evaluar el desempeño de los activos financieros. En esta oportunidad nos centraremos en el CAPM, herramienta desarrollada a inicios de la década de 1960 por Treynor, Sharpe, Lintner y Mossin. La importancia del CAPM radica en que trata de predecir la relación existente entre el riesgo y el rendimiento que se espera a partir del equilibrio existente entre los activos de riesgo.
Para efectos de comprender este modelo es importante partir de los supuestos sobre los cuales se edificó. La idea fundamental es que, en general, todos los individuos son iguales y la excepción está dada por el patrimonio inicial que poseen y su aversión al riesgo. En este sentido, la lista de hipótesis que describen el comportamiento de los inversionistas es la siguiente:

a-Los inversores no pueden afectar los precios con sus negociaciones individuales ya que existen muchos otros inversionistas, cada uno de ellos con un patrimonio que es muy pequeño en relación son la sumatoria del patrimonio de la totalidad de los inversores. Esta hipótesis es equivalente a la que sostiene el principio de competencia perfecta en el plano de la microeconomía.

b-Todos lo inversionistas proyectan un horizonte temporal similar para sus inversiones.

c-Por principio, el inversionista diseña carteras de activos financieros a partir de la oferta disponible de estos en el mercado, teniendo acceso ilimitado a una gran gama de oportunidades de préstamos o créditos sin riesgo.

d-El inversionista no paga impuestos sobre las rentabilidades y gastos de transacciones cuando negocia valores.

e-Al momento en que el inversor construye su cartera, proyecta como objetivo una optimización racional teniendo en mente su media-varianza.

f- Todos los inversionistas analizan y determinan los valores en la misma forma, esto es, sobre la base de un entendimiento compartido de la economía en el mundo. Lo anterior lleva a estimaciones idénticas en términos de las probabilidades de distribución de los flujos futuros de caja que se obtiene de las inversiones en los valores disponibles. Lo cual significa que, a partir de un grupo de valores determinados y un tipo de interés sin riesgo, el inversionista utilizará las mismas rentabilidades esperadas, desviaciones estándar e interrelaciones para determinar los límites de eficiente y la cartera con un riesgo óptimo único, con lo que llegamos a la hipótesis de las expectativas homogéneas. En nuestro próximo comentario continuaremos con el tema.

Juan Carlos Pérez Herra
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