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Independencia energética

La electricidad que consumiremos a partir del próximo verano le saldría al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) entre ¢26 y ¢36 más cara por kilovatio, costo que afectaría directamente el bolsillo de cada familia costarricense.
Lo anterior radica en la necesidad que tiene el Instituto de contratar el alquiler de plantas térmicas como parte de un plan de contingencia para evitar racionamientos.
La opción parece ser la única, y no existe marcha atrás, ni para el Instituto ni para los consumidores.
Los apagones ocurridos durante la anterior época seca pusieron en evidencia la parsimonia con que las autoridades gubernamentales actuaron en años anteriores, al no mantener adecuadamente un plan de generación y al imponer amarras que evitaron el conveniente nivel de inversiones en esa área.
Esas consecuencias las pagaremos al menos durante dos años más, que es el tiempo que se requerirá la generación térmica privada para mantener estable el nivel de oferta energética.
Ahora, además de pagar las consecuencias, lo que viene es mirar hacia el futuro con firmeza, pero también con responsabilidad.
La entidad ya maneja un nuevo plan energético que pretende mantener el equilibrio entre generación y consumo.
El gobierno actual ha dado buenas señales para garantizar el adecuado financiamiento de los nuevos proyectos que se establezcan. Ese compromiso debe mantenerse y perdurar a mediano y largo plazo durante las administraciones que vengan.
Es inaceptable que siendo un país tan rico hidrográficamente hablando y con recursos naturales tan diversos que van desde la geotermia hasta la eólica y la biomasa, se deba recurrir a la costosa quema de combustibles para abastecer el consumo interno.
Los recursos naturales dan para pensar en una oferta energética abundante. Costa Rica debe ser autosuficiente en esta área, para no llegar a depender de terceros.
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