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Incierta suerte de periodista francés en Colombia

El ministro de Defensa de Colombia, Juan
Carlos Pinzón, dijo ayer que las fuerzas de seguridad harán operaciones para rescatar al periodista francés Roméo Langlois solo
si tienen información de su ubicación y si el Gobierno de Francia está de acuerdo.
Pinzón dijo en una reunión con periodistas que en el área en la que se registraron los combates entre las FARC y el batallón antidrogas al que acompañaba Langlois para un trabajo periodístico "hay operaciones" militares, pero no son de rescate.
"Claro que hay operaciones, pero no estamos haciendo operación de rescate alguna porque no sabemos dónde está el periodista. En el
momento en que nos enteráramos eso implicaría decisiones que hablaríamos con el Gobierno francés", sostuvo.
Mientras la suerte del periodista francés Roméo Langlois sigue incierta dos días después de que desapareciera en las selvas del sur de Colombia, aunque el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, no descarta la hipótesis de que el reportero haya caído en manos de guerrilleros de las FARC.
"Yo no sé si en efecto ya lo tiene alguien. Esa es una hipótesis muy factible, yo no la voy a descartar, ni más faltaba", afirmó Pinzón tras insistir en que la versión más "apegada a los hechos" es la de que Langlois "sigue desaparecido".
Sin embargo, dijo que si son las FARC las que lo tomaron en sus manos, lo que tienen que hacer es entregarlo "inmediatamente porque él es un periodista y eso es fundamental".
El alto cargo compareció ante la prensa en Bogotá con la incertidumbre sobre la suerte de Langlois, corresponsal en Colombia de la cadena de televisión France 24 y el diario galo Le Figaro que desapareció en el departamento selvático del Caquetá (sur).
El paradero del francés se desconoce desde el sábado por la tarde, cuando se apartó de un contingente antidrogas del Ejército y la Policía con el que se había adentrado en La Unión Peneya, aldea rural de la localidad de Montañita, para un asalto a instalaciones del narcotráfico en la región.
Langlois llevaba un casco y un chaleco, en ambos casos blindados, que le fueron proporcionados por los responsables de la operación, pero se despojó de las prendas en medio de los combates, y escapó herido en dirección al área de la que provenían los disparos rebeldes, según lo admitieron las tropas que regresaron del terreno.
"El Ejército tenía el deber de ofrecerle (el casco y el chaleco) como mecanismo de protección", sostuvo el ministro de Defensa, quien insistió en que no tiene certeza de si el periodista cayó en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
En la zona actúa el frente 15 de esta guerrilla, en actividad desde hace casi medio siglo y que a finales de febrero anunció su decisión de poner fin al secuestro de civiles con fines económicos.
Con la misma incertidumbre están Daniel Muñoz, el responsable del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Florencia, la capital del Caquetá, y las autoridades de Montañita.
El subdelegado regional dijo a medios de la prensa local que su institución no sabe si Langlois está o no en poder de los rebeldes.
"Estamos haciendo todas las gestiones para saber cuál es su situación actual", expresó Muñoz, para indicar que en el CICR tampoco tiene confirmación de que los insurgentes tengan en sus manos al periodista francés.
En Bogotá, una fuente del CICR dijo a Efe que la institución no conoce el paradero de Langlois, pero que, como siempre, está dispuesta a ayudar la liberación de civiles que estén en manos de grupos armados, por solicitud de las partes implicadas.
Mientras, el secretario de Gobierno de Montañita, Jairo Alexander Orta, dijo a Efe por teléfono que las autoridades municipales tampoco conocen el paradero del periodista.
Orta señaló que, al parecer, Langlois se dirigió hacia Miramar, paraje en el que se dieron los choques en los que murieron tres militares y un policía y en medio de los cuales él resultó herido.
"Se nos ha confirmado que los hechos ocurrieron entre los caseríos de Miramar y San Isidro", indicó luego, y apuntó que ese punto dista de la zona urbana de Montañita más de cuarenta kilómetros al sureste, por una carretera sin asfalto y en muy malas condiciones.

Bogotá/EFE


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