Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 4 Junio, 2014

Conmemorar el Día Mundial del Ambiente, entraña compromiso mayúsculo para revertir la perniciosa tendencia de la destrucción del entorno


Hablando Claro

Incidencias del cambio climático

Mañana se celebra el Día Mundial del Ambiente. Es una de esas fechas que se van asentando en el calendario (ya han pasado 42 años desde que se instituyó por Naciones Unidas) y que junto a otras muchas como el Día de los Océanos (en cuatro días, el 8 de junio) el de los Bosques, el Mundial del Planeta, el del Agua, el de lucha Contra la Desertificación, el de la Tierra, el de la Preservación de la Capa de Ozono y el muy poco conocido Día de las Montañas, el 11 de diciembre, forman un conjunto de 16 conmemoraciones anuales para reflexionar acerca del paradójicamente vulnerable sitio que es nuestro hogar.
Hoy enfrentamos el gran desafío de mejorarlo para legarlo en las mejores condiciones posibles a los que habrán de poblarlo mucho después de que ya nosotros no estemos en él.
Como sabemos, la factura del calentamiento global nos está pasando ya la cuenta.
En nuestra zona centroamericana en particular este efecto se presentará aún más cruel. Sus manifestaciones más sentidas, oscilarán entre las lluvias torrenciales y las sequías prolongadas.
Dicen los expertos que debemos mejorar y fortalecer de manera contundente nuestras acciones en pro de la mejora del ambiente, puesto que de lo contrario será prácticamente imposible revertir sus severos efectos.
El país cuenta con una estrategia nacional de cambio climático y ello implica la meta de poder llegar a compensar todas las emisiones de carbono para 2021. Pero los expertos aducen que nuestro empeño no resulta suficiente porque carecemos de proyectos más complejos que consideren, por ejemplo, los efectos que el cambio climático producirá en nuestras costas (particularmente Limón, Quepos, Puntarenas y Golfito) debido a la elevación del nivel del mar que de acuerdo con un estudio publicado en 2010 por el Royal United Services Institute (RUSI) invadiría la tierra firme en el 90% de nuestras costas.
Hablamos de la penetración del agua en las costas, como del aumento de las lluvias, de los impactos en la erosión, la sedimentación, las inundaciones y el delicado y siempre presente tema del uso del agua los sistemas de generación, irrigación y drenaje.
El denominado estrés hídrico, en nuestro caso concentrado en el Valle Central y el Pacífico, tendrá impacto en el abastecimiento y la calidad del agua.
Un informe del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo sobre el cambio climático y la pobreza en América Latina y el Caribe, ya había advertido desde 2008 lo crítico de la situación. En ese informe, Costa Rica (en el puesto 38) y Guatemala (32) aparecen entre las 100 naciones en mayor riesgo por el cambio climático.
De modo que conmemorar mañana el Día Mundial del Ambiente, entraña un compromiso mayúsculo en la procura de acciones más contundentes que ayuden a revertir la perniciosa tendencia de la destrucción de nuestro entorno.
Se trata de darles contenido y acción a los buenos propósitos. Tanto para prever las consecuencias del régimen irregular de lluvias como para asegurar el abastecimiento de energía y agua que necesitaremos, todo ello sin dejar de lado la lucha contra la contaminación.
Pensando en todo esto, me pregunto cuándo por fin enfrentaremos nuestros desafíos en el postergado tema del transporte público.

Vilma Ibarra