Enviar
Viernes 5 Junio, 2015

Incentivando la paz

Es muy común que digamos que vivimos en un país de paz, pero en muy pocas ocasiones nos detenemos a pensar el significado de esa frase y todo lo que esa palabra de tres letras enmarca.
Podría intentar materializar el concepto, iniciando con lo más representativo, si se puede decir de esa forma. Desde 1949 en Costa Rica se abolió el ejército y somos un país que no acude a la guerra para resolver sus conflictos, no es una opción, y eso nos define como sociedad.


Otro aspecto que se puede considerar como expresión de paz es que el costarricense es objeto de derechos fundamentales y el Estado está en la obligación de garantizar su disfrute. Así mismo, existe un respeto a la legalidad, ya que, pese a que el ciudadano expresa en ciertos momentos su inconformidad, lo hace dentro de lo que la ley le permite, no se transgrede la institucionalidad del país.
Ahora bien, existe otra opción, que ejemplariza muy bien la cultura de paz y cómo esta puede ser llevada al ciudadano y vivirla en su quehacer diario.
Desde el año 1998 Costa Rica emitió la Ley para la Resolución Alterna de Conflictos, la cual pretende que las disputas sean atendidas sin tener que acudir a un proceso judicial común y que las personas cuenten con otros medios para arribar a acuerdos, sin tener que invertir grandes cantidades de dinero ni tiempo.
Ahí es donde aparece la Dirección Nacional de Resolución Alterna de Conflicto y Promoción de la Paz Social (Dinarac) la cual es una dependencia del Ministerio de Justicia y Paz, que dentro de su política de prevención tiene como objetivo principal dar a conocer a la población los métodos que existen para resolver sus problemas de una manera diferente, fuera de un tribunal de justicia y empoderarlos para que acudan a estos en busca de una solución que beneficie a todas las partes.
Se intenta acercar a las comunidades a una verdadera justicia, contando para esto con las denominadas Casas de Justicia, las cuales son centros que cuenta con mediadores voluntarios, expertos en distintas materias, a las que tienen acceso los ciudadanos en diferentes localidades a lo largo del país de manera gratuita.
En estos lugares, el costarricense puede resolver sus problemas de índole familiar, vecinal y laboral, en menor tiempo, evitando los desgastes que conlleva un proceso judicial, que no siempre llena sus expectativas.
La Dinarac se ha dado a la tarea de capacitar a la población sobre la importancia del diálogo y la negociación y que estas son vías para resolver sus diferencias de forma pacífica, sin controversias innecesarias, donde cada parte expone su situación, es escuchada y, sin más, se arriba a un acuerdo.
Sin lugar a dudas, este tipo de acciones incentivan y sumergen a las personas en lo que es realmente vivir en un país de paz. No solo nos quedamos en la palabra, sino que entendemos lo que esta representa, y más importante aún, que todos somos responsables de su resguardo, para que transcienda en el tiempo.

Adriana Fallas Martínez