Humildad ven en Papa Francisco
Durante su paseo entre las multitudes con el siempre descubierto papamóvil, el pontífice saluda y ofrece su mano a la gente, especialmente a niños, enfermos y personas con discapacidad. Afp/La República
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Humildad ven en Papa Francisco

Si el papa Francisco telefonea un día a su casa, desconfíe, pero no tanto. Bergoglio cumple hoy un año de su elección, un periodo en el que su voluntad de cercanía a las personas le ha llevado a protagonizar anécdotas con una naturalidad que aún sigue sorprendiendo.
"Recen por mi", fue su primera frase en la presentación ante los fieles en la Plaza de San Pedro, que vieron a su nuevo líder vestido con una sotana blanca, sin las bellas casullas, mitras y zapatos rojos que usaba su predecesor, Benedicto XVI.
Zapatos negros, sotana blanca por la que se transparentan sus pantalones oscuros, "porque se niega a portar los blancos", dijo un alto cargo de la Curia.
"Humildad" ha sido la palabra más repetida por los creyentes de todo el mundo para referirse al pontífice, que desde el primer momento declinó vivir en los lujosos apartamentos papales y eligió una sencilla habitación en la residencia Santa Marta del Vaticano, donde se codea con miembros de la Curia, con religiosos que se hospedan en ella y con las numerosas visitas que recibe.
Antes de trasladarse a su nueva estancia, Francisco se dirigió a los incrédulos administradores del hospedaje Casa Pablo VI, donde se había alojado durante el cónclave, para pagar "religiosamente" por la habitación que había ocupado, a pesar de que estos se negaban a cobrársela.
Pronto, durante sus primeros días como Papa, Bergoglio comenzó a destacar por la que ha sido una de sus aficiones fuera de protocolo más recurrentes: las llamadas telefónicas.
El portero de la sede en Roma de la Compañía de Jesús, a la que pertenece Francisco, fue el primero que escuchó su voz al otro lado del teléfono, preguntando si le podía poner en contacto con el superior general de la orden para agradecerle la carta que le había enviado el día anterior.
"Buenos días, soy el papa Francisco, quisiera hablar con el Padre General", dijo el argentino, a lo que el portero, según desvelaron más tarde los propios jesuitas, a punto estuvo de responderle: "¡y yo soy Napoleón!".
Desde entonces también han recibido su llamada un quiosquero de Buenos Aires, a quien le pidió que no le guardase más el periódico, o un joven italiano de 19 años que le envió una carta a través de un cardenal.
En el contacto más directo, Francisco aprovecha las audiencias generales de los miércoles para acercarse, de manera literal, a los miles de fieles que abarrotan la plaza de San Pedro en el Vaticano.
Durante su paseo entre las multitudes con el siempre descubierto papa móvil, el pontífice saluda y ofrece su mano a la gente, especialmente a niños, enfermos y personas con discapacidad.
La imagen del Papa besando a un hombre aquejado de neurofibromatosis (enfermedad desfigurante de la piel) dio la vuelta al mundo, al igual que el momento en el que invitó a un joven con síndrome de Down a subir con él a su vehículo y completar el paseo por la plaza.

Ciudad del Vaticano/EFE

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