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Al cierre de esta edición no se habían publicado resultados definitivos de la elección
Humala virtual ganador en Perú
Ollanta fue felicitado por los presidentes de Chile y El Salvador

El candidato nacionalista Humala ha ganado las elecciones presidenciales celebradas ayer en Perú, según las primeras cifras oficiales comunicadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), al cierre de esta edición.
La jefa de la ONPE, Magdalena Chú, comunicó los resultados con un 75% de las actas contabilizadas, que indican que Ollanta Humala obtiene 50,087% de los votos, mientras que su rival Keiko Fujimori logra un 49,913%.
A falta de los resultados finales, según un recuento rápido realizado por la empresa Ipsos-Apoyo, que toma en cuenta 1.300 mesas electorales, equivalentes a 250 mil votantes, confirma la victoria de Ollanta Humala sobre la legisladora Keiko Fujimori.
Incluso antes de que la ONPE diera los primeros recuentos oficiales, Humala recibió felicitaciones por su virtual victoria de Sebastián Piñera, presidente de Chile.
Asimismo, el presidente salvadoreño Mauricio Funes, felicitó al pueblo “hermano” de Perú por una jornada electoral que “contribuirá a fortalecer la democracia”.
Con el triunfo del nacionalista se cerró ayer una de las campañas para la presidencia de Perú más disputadas, y crispadas, de la historia contemporánea en el país sudamericano.
La sucesión de acusaciones, muchas de ellas sin pruebas, ataques personales, manipulación en las redes sociales y notoria parcialización de los medios, se sumó a los innegables pasivos que arrastraban tanto Humala como Fujimori, quienes polarizaron al país con sus propuestas.
Humala ofreció un cambio en el modelo económico para mantener el desarrollo, pero con énfasis en la redistribución, lo que para muchos implicaba afectar al gran avance logrado por el país en los últimos años.
Keiko dijo a su vez que mantendría el modelo, pero fue vista por muchos como el regreso del gobierno de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), condenado a 25 años de cárcel por violaciones a los derechos humanos y corrupción.
Los analistas señalaron que una campaña como esta podía compararse con la que enfrentó en 1990 al escritor Mario Vargas Llosa con el entonces desconocido ingeniero Fujimori, quien logró la victoria gracias al apoyo del primer régimen de Alan García (1985-1990) y a pesar de contar con todas las fuerzas económicas y los medios de comunicación en contra.
Similar escenario, y con nombres muy parecidos, se repitió durante estos comicios, sobre todo después de que el pasado 10 de abril se confirmó que Humala y Keiko habían accedido a la decisiva segunda vuelta electoral.
Así, 21 años después, Vargas Llosa y Alberto Fujimori adquirieron nuevamente protagonismo: el primero, al apoyar explícitamente al candidato Humala; el segundo, porque su sombra ha pesado durante toda la campaña de su propia hija.
Para completar el círculo, el proceso se celebró nuevamente con Alan García en la presidencia del país (como sucedió en el 90) y una notoria inclinación de los miembros del Ejecutivo a apoyar, a veces de manera sutil, otras sin reticencias, a la candidata.
Pero este proceso también hizo recordar a muchos la campaña del año 2000, crucial en el enfrentamiento que protagonizó la sociedad civil contra la tercera postulación de Alberto Fujimori, quien (a pesar de derrotar a Alejandro Toledo), vio cómo pocas semanas después su poder caía como un castillo de naipes.
Para esto fue decisiva la revelación de un vídeo que mostraba la red de corrupción montada por su asesor Vladimiro Montesinos, pero también por la activa protesta de la sociedad civil organizada tras la convocatoria de Toledo, que protagonizó la gigantesca “Marcha de los cuatro suyos”.
Con esos vaivenes que tiene la historia, nuevamente en estos comicios Toledo apareció para definir su apoyo por Humala, tras ser uno de los candidatos perdedores en la primera vuelta y bajo el principio de que él nunca podría respaldar a un proyecto que pudiera permitir el regreso de un Fujimori al Gobierno.
Finalmente, el pasado de los candidatos fue decisivo en las elecciones de ayer, pero mientras Humala deberá absolver las dudas desde el poder, Keiko ha comprobado que su apellido es más pesado de lo que esperaba.
Y es que su derrota se puede achacar a un entorno totalmente procedente e identificado con el régimen de su padre, en el que se reportaron violaciones a los derechos humanos, millonarios desfalcos y corrupción de funcionarios.
Eso le pasó factura a una candidata que, a los 36 años, aspiraba a convertirse en la presidenta más joven de la historia de Perú, y que siempre afirmó que el gobierno de su padre fue “el mejor de la historia” de su país.
Ahora Humala tendrá que demostrar que no eran ciertas las acusaciones de tener vínculos con Hugo Chávez, atemperar sus reivindicaciones nacionalistas y ayudar a aclarar las acusaciones de haber cometido crímenes cuando comandó una base militar en la selva peruana durante la guerra contra Sendero Luminoso.
Magdalena Chú dejó claro que faltan por llegar las cifras relativas a las zonas rurales más alejadas, donde se considera que Ollanta Humala tiene un apoyo mucho más sólido que su rival.
En todo caso, Keiko Fujimori ya dio por perdidas las elecciones al abandonar el hotel donde pasó recluida gran parte de la jornada para retirarse a su casa, mientras que los simpatizantes de Ollanta Humala abarrotan una plaza del centro de Lima donde esperan desde hace horas a su líder para festejar su victoria.
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Lima / EFE

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