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Jueves 22 Mayo, 2008

Hospitales sin humanidad


Recientemente presencié lo que nunca pensé que vería en mi vida, mientras acompañaba a mi esposo en el sexto piso de un hospital capitalino donde se recuperaba.
Un paciente, hombre joven de unos 40 a 42 años, ingresó a la cama contigua a la de mi esposo (la #660) con la esperanza de estar en un lugar donde velarían por su salud y podría salir recuperado.
Ignoro qué padecimiento lo aquejaba, pero por lo que se observaba a simple vista era un ahogo severo, pues tenía puesta una manguera con oxígeno. Presentó un deterioro de su condición y pidió auxilio a las enfermeras (quienes tienen su centro de operaciones frente a esta habitación), estaba ahogándose, mi esposo quiso ayudarlo; pero la enfermera de turno lo regaño y lo mandó a su cama.
Pensé que se quedaría con el hombre, para atenderlo, estabilizarlo, ayudarlo, ponerle una máscara de oxígeno, o hacer algo, mínimo darle una mano; pero no fue así, salió como si nada. Ante sus gritos llegaron y lo conectaron a un monitor que tenía al lado (el cual tuvo desconectado hasta ese momento) fue lo único que hicieron.
En un momento dado una enfermera pequeña entró y le dijo que se calmara que no gritara porque gastaría el oxígeno. El hombre gritaba a todo pulmón: ayúdenme que me muero; doctora, sálveme que me muero, ayúdenme. No hubo reacción, nadie se le acercó en mucho rato.
Yo me sentí impotente, al igual que todos los que estábamos ahí, visitantes y pacientes, estábamos asombrados, esperando la reacción que no se dio.
En un momento pensé en hacer algo y salí de la habitación, bajé al quinto piso a la unidad coronaria a pedir auxilio o un doctor que lo ayudara. Expliqué que el hombre se ahogaba; sin embargo la respuesta fue la más increíble que pude recibir: ya llamaron señora, pero no hay mascarillas en todo el hospital. Tampoco había doctor.
Sentí impotencia, dolor, cólera, amargura, desilusión ¿Qué pasa con los seres humanos que cuidan la salud de los costarricenses?
Este muchacho presentó un paro, después de estar pidiendo a gritos que lo ayudaran (en un hospital) durante al menos 15 minutos y no hicieron nada, absolutamente nada… todos los presentes nos quedamos atónitos cuando el muchacho se desvaneció y hasta entonces gritaron código azul, código azul en el sexto piso izquierda… Demasiado tarde para su corazón… demasiado tarde para su condición…, se perdieron minutos importantísimos y lo que les dijo un paciente ante su centro de operaciones: actúen el hombre esta infartando, si le pasa algo es culpa de ustedes… sucedió. Algunos corrieron, otros iban a paso de tortuga por el pasillo con máquinas y jeringas…
Nos sacaron de la habitación durante un buen rato, luego supe que había fallecido… un hombre joven, recio, fuerte en apariencia. Tal vez le tocaba como dice el dicho popular.
Me asusté, me impresioné, me enojé, sentí como nunca la impotencia, la desilusión, la desconfianza, en un sistema que en algún momento funcionó como debía pero hoy esta deshumanizado.
No se puede generalizar, hay médicos, enfermeras, asistentes, camilleros, misceláneos, que hacen su labor con excelencia.
Sin embargo los que no cumplieron como se debe llamaron mi atención en ese momento y me costará mucho borrar de mi memoria el rostro de ese hombre en su desesperación y las ultimas palabras que a gritos pronunció…las cuales me reservo…
Yo nada más les digo: ¡Que Dios los perdone!

Elizabeth Camacho de Betancourt
Cédula 1-368-323