Hora de crecer para Latinoamérica
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Hora de crecer para Latinoamérica


La comunidad iberoamericana desea levantar una voz común en la cumbre internacional de Washington, por medio de los países que estarán presentes en esta, Brasil, Argentina y México.
Para llegar a acuerdos y como actividad previa, se reunió en San Salvador la mayoría de los cancilleres de la región para intentar dar respuestas conjuntas a los graves problemas de pobreza y exclusión que sufren millones de jóvenes latinoamericanos.

Centrados en ese interés, elaboraron comunicados en varios sentidos, como por ejemplo una declaración sobre el tema central de la reunión “Juventud y Desarrollo”, en la que se recuerda el papel central del Estado en el establecimiento de políticas públicas destinadas a mejorar la calidad de vida de las personas jóvenes y a lograr sociedades más inclusivas, justas y solidarias.
Brasil abogó por redefinir el papel del Estado para renovar el apoyo a los sectores productivos y aumentar la inversión en educación. México pide un nuevo orden económico internacional para un diseño equilibrado entre Estado y mercado, y Argentina un multilateralismo con voz de los países emergentes, entre algunas de las propuestas.
Los cancilleres también produjeron un documento sobre cooperación frente al narcotráfico y las redes de delincuencia organizada transfronteriza, apoyo al diálogo en Bolivia, o la petición del fin del bloqueo a Cuba, entre otros temas graves que afectan a la zona y que consideraron necesario enfrentar en forma conjunta.
Pero la sola presencia de tres países de la región en la Cumbre en Washington será todo un reto, porque constituirá una oportunidad de aprender a participar en discusiones con los “grandes” y los “emergentes”, también grandes (China, India, Brasil) y el cómo compaginar el tono y los intereses de estos sin descuidar el énfasis necesario en los intereses y problemas de Latinoamérica.
Sin duda, un interesante momento en el cual la región deberá mostrar su mayor grado de madurez y evolución política, justo en un contexto mundial que mueve a los países prioritariamente hacia sus intereses y no tanto hacia dar la mano a naciones deseosas de alcanzar un mayor desarrollo, pero que se desgastan en paliar las consecuencias nefastas de fenómenos adversos que no han iniciado, como por ejemplo, el sistema financiero actual o el consumo desbordado de drogas, base para el surgimiento de la narcocrimen organizado.

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