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Sábado 16 Abril, 2011


No hay posibilidad de defensa, así nací: condenado. Y si me comporto fuera del patrón, soy entonces una mosca muerta (perdón: un mosco muerto) o un verdadero idioto

Hombres

“Todos los hombres son iguales, ninguno se salva, todos cortados con la misma tijera”…
¿Y si digo que me duelen esos comentarios?
Aunque… quizá sea cierto lo que dice, si desde niño me lo han repetido decenas de mujeres.
¿Y si digo que se me está discriminando?
Me tilda de hipócrita y machista, me hace malas caras. Si está claro que solo los hombres discriminan… ¿Para qué pedir comprensión? Si la culpa es de mi sexo, la culpa es mía.
“Todos son infieles, no pueden resistirse si una mujer se les pone en frente”.
¿Pero ninguno se salva?
“No, todo es cuestión de tiempo y de seguírselos repitiendo hasta que caigan”.
Y si los comentarios sexuales que resulten hostiles, humillantes u ofensivos son formas de acoso, ¿por qué no lo es cuando me dice que los hombres solo en sexo piensan?
“Es porque es la verdad absoluta e innegable, aquí no hay trato despectivo”.
“No hay hombre que valga la pena, ¿para qué tratar de ocultar el sol con un dedo? No son estereotipos, son los hechos”.
No hay posibilidad de defensa, así nací: condenado.
Y si me comporto fuera del patrón, soy entonces una mosca muerta (perdón: un mosco muerto) o un verdadero idioto.
Un hombre no debería hablar de esta forma sin temor a reprimenda, y yo soy uno. Por tanto pido que no se me considere en este momento como un hombre solamente, sino como un hijo de mujer, esposo de mujer, futuro padre de mujer, amigo de mujer.
Déjeme ser distinto a las etiquetas que me pone, no trate de meterme en conceptos preestablecidos.
Porque si se me considera reflejo de hombres de otros tiempos o de muchos que aún viven y de quienes también reprocho su conducta, no me deja ser más que la sombra de una sombra debajo de un zapato.
¿Ese es mi sitio, dice?, bueno, véalo de esa forma si le resulta cómodo no creer en hombres distintos a los que reflejan esos comentarios, aquellos que aman, quienes piensan en construir una realidad distinta.
¿Que si hablo de mí?, ¡jamás!, soy solamente otro imbécil igualito al montón que ha conocido.
Al menos en eso estaremos de acuerdo.

Rafael León Hernández