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Historia del gelato

Como aporte al conocimiento de este postre tan apreciado, transcribo un artículo publicado por la Escuela de Gastronomía Mexicana (Historia, arte y cultura) que me pareció perfecto y al grano.
Desde la antigüedad es conocido el uso del hielo y de la nieve, recogidos en las montañas y mezclados con fruta, leche o miel para obtener bebidas refrescantes; hay rastros de tales prácticas en todas las grandes civilizaciones; empezando por la China (desde el 4000 a.C.) donde se utilizaban agua y salitre para congelar alimentos (técnica que Marco Polo llevaría más tarde a Europa).
En las culturas mesopotámicas, en la Biblia, Isaac ofrece a Abraham leche de cabra con nieve; en Egipto encontraron en una tumba del 2500 a.C. copas de plata divididas en dos partes: en una ponían nieve, en la otra, jugos de fruta.
En la Roma antigua se traía nieve desde el Monte Terminillo, o desde el volcán Vesuvio (en Nápoles) para preparar “nivatae potiones”; en los banquetes ofrecidos por Nerón, se tomaba una bebida hecha con fruta finamente picada, miel y nieve.
También Alejandro Magno tomaba nieve mezclada con miel, frutas y especias; la misma costumbre tenían en Troya y en la Grecia clásica.
Los árabes aprendieron el uso del azúcar de caña en las bebidas heladas que permitía, a diferencia de la miel de abeja, obtener cristales de hielo muy finos y con ello lograr una consistencia más espesa, con ese procedimiento crearon el sorbete, “Sherbet” en árabe, que aparece en el tratado de cocina de Wusla Hila al Habib del siglo XI .
De la gastronomía árabe y con la utilización de la sal marina (que todavía se recoge en las costas de Sicilia) que permite temperaturas negativas, de los cultivos de la caña de azúcar; de la naranja amarga y del limón y del “gelso” y de la nieve del volcán Etna, surge la gran tradición de los dulces helados sicilianos, como las “granite” y las “cassate”.
Sin embargo, fue en la Florencia renacentista cuando se dieron pasos fundamentales para la historia de este alimento tan sabroso y refrescante.
En la corte de los Medici un vendedor de pollos, Ruggeri, había ganado el concurso por “el platillo más raro y novedoso”, presentando un sorbete de frutas que causó sensación.
La misma Caterina de Medici, cuando en 1533 se casa en Marsella con Enrique II de Orleans, hizo traer a Ruggeri para el banquete nupcial, los soldados tuvieron que cargarlo a fuerza en un barco porque no quería dejar a su familia.
Ese banquete se quedará en la historia de la gastronomía como uno de los eventos más espectaculares, por las novedades que lleva consigo la joven Caterina, quien tenía entonces 14 años, a la corte de Francia.
Buen provecho y hasta la próxima semana.
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