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Jueves 11 Julio, 2013

Estamos heredando patrones de consumo desmedido financiado por tarjetas de crédito y sin decisiones inteligentes desde el punto de vista financiero


Herencias: reflexión individual

En estos días de vacaciones de medio periodo de escuelas y colegios, además de disfrutar de la baja en congestionamiento vial o de pensar en salir de las ciudades/pueblos en que vivimos para disfrutarlas al máximo, deberíamos tomar unos minutos para reflexionar sobre lo que queremos heredarles a estas generaciones.
Las herencias de antaño han evolucionado, pero los principios no cambian. Mis bisabuelos heredaban tierras a sus hijos, mis padres priorizaron la educación académica y conductual. Los padres asumen la responsabilidad de heredar a sus hijos actitudes, experiencias, “cañas de pescar” o “pescados” con el objetivo de procurarles mejor calidad de vida que la que ellos tuvieron.
Muchos de nuestros padres y abuelos despilfarraron la herencia de sus padres... pero muchos de nosotros también estamos derrochando lo que se suponía debíamos más bien fortalecer para heredar a nuestra descendencia.
Me parece increíble, por ejemplo, que en Costa Rica estemos hablando de escasez y contaminación del agua cuando de cara al mundo una de las características más impresionantes de la suiza centroamericana son precisamente sus recursos naturales.
Me resulta inaceptable que en lugar de heredar buenos recuerdos por tiempo de alta calidad compartido con nuestros hijos, estemos grabando en sus memorias la imagen de padres y madres que prefieren estar pendientes de las redes sociales, antes que patear una bola, desempolvar los yaxes, jugar rayuela o llevar los niños al parque a andar en patines una hora al día.
Ahora estamos tan ocupados generando más dinero, que gastarlo jugando bingo un domingo en el pueblo o en la escuela de los niños, nos parece aburrido —sin sentido—improductivo.
Estamos heredando patrones de consumo desmedido y por si fuera poco financiado por tarjetas de crédito y sin decisiones inteligentes desde el punto de vista financiero.

Me encanta pensar que los nacidos este siglo serán más saludables que los que nacimos en los ochentas y fuimos envueltos por el boom de las grandes cadenas de comidas rápidas que hasta ahora empiezan a decirnos cuántas calorías contienen sus menús. Los más pequeños están ahora viendo el lugar medular que está tomando en estos días en nuestra sociedad el atletismo, el ciclismo, el triatlón. Ya ellos comienzan a contagiarse de este nuevo movimiento social.
Cada vez menos muchachos se cuestionan la necesidad de ir a la universidad, la conveniencia de sacar un postgrado y ni qué decir la importancia de buscar un trabajo que los haga crecer profesional y personalmente y alcanzar más logros que los que han visto en sus padres.
La estabilidad laboral sigue siendo tan importante como hace siglos. Pero ahora mucho más que antes escuchamos hablar de emprendedores y empresariedad y no solo del salario de cada fin de mes.
Las nuevas generaciones de padres comprendemos que en poquísimos años ya no bastará con que nuestros hijos sean bilingües, requerirán ser trilingües y hasta tendrán que dominar un cuarto idioma.
Con el ritmo de vida actual, es más la excepción que la regla el detenernos a pensar en la contribución que estamos dejando por herencia a las nuevas generaciones. Hay herencias que pertenecen a una sola familia, pero hay otras que parten desde la formación de hábitos y determinan el carácter e identidad de toda una sociedad.
Las personas podemos heredar cosas de valor, pero también podemos dejar deudas.
Le sugiero preguntarse si quiere ser recordado u olvidado sin dificultad debido a quien es o a lo que hace en vida.

Alejandra Esquivel Guzmán
[email protected]
Gerente General GEFISA