Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 1 Abril, 2011


Herederos del trono

Preocupante es el curso que están tomando algunas democracias latinoamericanas, las cuales pasaron de regímenes militares a procesos democráticos que lamentablemente se están debilitando. Estamos ante políticos con una sed insaciable de poder, sea para eternizarse en el mismo o para generar gobiernos hereditarios. Ahora le toca el turno a Guatemala, pero vendrán otros. Están usando la democracia como envoltorio que adorna una realidad que niega a la democracia misma.
Guatemala se vio envuelto en los tormentos de la guerra fría que se inició al concluir la 2ª Guerra Mundial. En este enfrentamiento entre las dos grandes potencias de entonces: Estados Unidos y Rusia, se produjo la llegada al poder de un presidente de izquierda: Jacobo Arbenz. Desde las fincas de Somoza se fraguó la intervención armada que terminaría con la vida del presidente y el inicio de la dictadura de Castillo Armas. Un eminente historiador y periodista estadounidense describe así la trascendencia de este hecho: “Guatemala iniciaba así un período de cuarenta años de gobernantes militares, escuadrones de la muerte y represión armada”.
Después de esos cuarenta años trágicos, nace una democracia política que trata de abrirse paso en medio de enormes enemigos: pobreza, crimen, narcotráfico,… todo en dimensiones catastróficas.
Pero ahora se viene la primera estocada al proceso: el presidente Alvaro Colom decide divorciarse para que su esposa pueda aspirar a la presidencia. La intención de la Constitución es clara: evitar la herencia continua del poder, pero el divorcio le permite al matrimonio mantenerse en dicho poder. La ley se cumple, pero la democracia queda herida.
Estamos acostumbrados a que los dictadores actúen como antiguos reyes, así lo hizo por décadas la familia Somoza en Nicaragua, lo hizo Duvalier en Haití o el comandante Fidel con su hermano, en fin. Pero la sucesión “a dedo” en democracia también ha permitido perpetuar en el poder a grupos de interés, como lo fue por décadas la sucesión “a dedo” hecha por el PRI en México.
Mientras la democracia se nos empieza a debilitar en varios países de América Latina, en el mundo árabe estallan turbulencias para sacar a los dictadores. ¿Qué tipo de democracia se va a estructurar en esos países que se están liberando si nunca han vivido libres? Recordemos que Egipto era una democracia… pero solo el envoltorio. Tamaño desafío tienen esos países para estructurar un sistema democrático que pueda alcanzar solidez. Otra inquietud: ¿Qué va a ocurrir cuando las protestas lleguen a potencias como China o países árabes que son amigos de Occidente, como Arabia Saudita? Los hilos de la diplomacia se estirarán hasta el infinito para poder dar respuestas que calcen con algo.
Nosotros en América Latina tenemos que fortalecer nuestras instituciones democráticas, para que se constituyan en un espejo para los países pobres que emergen hacia nuevas formas de vida social… y también para seguir nosotros viviendo en democracias de verdad y no de mentirillas.

Arturo Jofré
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