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Hazaña en dorado

Panameño gana oro en salto y envuelve en éxtasis a su país

Luis Rojas y EFE
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Doce años después de que la costarricense Claudia Poll ganó oro en Atlanta 96 y sacó a Centroamérica del anonimato deportivo, el panameño Irving Saladino se adjudicó ayer en forma sensacional la presea dorada en el salto largo, en los Juegos Olímpicos en China.
Saladino, campeón mundial en esa especialidad, completó así el doblete más deseado por los atletas haciendo estallar en júbilo a su país, además que igualó lo hecho por su ídolo, el cubano Iván Pedroso.
En la final olímpica, a diferencia del mundial, no tuvo que sufrir porque su principal rival —el italiano Andrew Howe, quien el año pasado en Osaka lo obligó hasta el último salto—, fue eliminado ahora en las fases previas y eso le dio tranquilidad al canalero. La facilidad de su victoria se refleja en el 8,34 que le dio el oro y que fue el peor registro de un campeón desde que el estadounidense Randy Williams venció en Múnich 72 con 8,24, pero le valió para recuperar el oro para Latinoamérica que había logrado en Sídney 2000 Pedroso y que volvió a Estados Unidos en Atenas 2004, gracias a Dwight Phillips.
Eso sí, el centroamericano dio la sensación que de haber necesitado más podría haberlo hecho sin problemas y es que en mayo pasado, en Holanda, logró el mejor salto mundial en 14 años con 8,73 metros.
”No ha sido el mejor salto de mi vida, pero con 8,34 bastó para ganar la medalla de oro”, expresó el atleta que ofreció la presea a Panamá y a toda Latinoamérica.
Saladino, que en el último salto se dañó un poco la rodilla, lo que hace peligrar su participación dentro de pocos días en Zúrich, dice que tiene planes ambiciosos para el próximo año, cuando intentará romper el récord del mundo. “Sé que puedo conseguirlo”, afirmó.
Este joven de 25 años de edad, nacido en Colón, montó en fiesta ayer a los panameños porque tras su gesta, miles de sus compatriotas se lanzaron a las calles a festejar, pese a que la prueba coincidió con la hora de entrada a los trabajos de miles de canaleros, que siguieron por televisión y radio los acontecimientos.
Una muchedumbre se apostó desde primeras horas de ayer frente a la residencia de los padres de Saladino en la ciudad caribeña de Colón, 80 kilómetros al norte de esta capital. Después de conocer el triunfo de su hijo, David Saladino, dio gracias a Dios y a la gente que desde tempranas horas los acompañó. Cristina, la madre de Irving, dio gracias a Dios y dijo que “el Señor seguirá siempre protegiendo a mi hijo en la conquista de muchos triunfos y hoy (ayer) celebraremos junto a mucha gente de Colón y todo el país esta hazaña de mi hijo”.


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