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La mirada debe volverse, por parte de las autoridades, hacia las áreas rurales productivas porque hay allí un encanto desperdiciado


Hay que trabajar en turismo rural

¿Playa o montaña? Esta parece ser la mayor oferta que se le sigue haciendo al turista del mundo que decide visitarnos.
Debemos seguir haciéndolo, sin duda. Nuestras playas y montañas son parte de la hermosa geografía que tenemos y de los recursos naturales que debemos cuidar y mostrar.
Sin embargo, y especialmente ahora que Costa Rica ha decidido diversificar sus fuentes de turismo ampliándolas a Europa, Asia y a la misma América del Sur, debemos tomar más conciencia de lo que el visitante desea y actualmente en otras partes del mundo se busca mucho la experiencia del turismo rural.
Aquí estamos apenas comenzando en ese aspecto y, fuera de excepciones pioneras como el Coffee Tour de Café Britt (ya con 21 años de éxito) y de algunas otras fincas ganaderas o agrícolas que en su mayoría son de europeos, no le ha dado Costa Rica aún, ni la importancia ni el apoyo que el turismo rural tiene.
Hoy la gente no solo disfruta de la buena gastronomía sino que quiere conocer sobre los procesos de producción e industrialización, sobre las formas de trabajo y las múltiples curiosidades que despiertan en quien no conoce sobre productos que llegan a sus mesas procedentes de tierras lejanas.
Esto no es un secreto en la actualidad para nadie, pero lo que aún no es una realidad en nuestro país es que se haya tomado conciencia del potencial de este tipo de turismo.
El mismo no solo fascina a los visitantes, que regresan a su país con unas experiencias inolvidables por distintas, con recuerdos de manejos tan locales de los productos que jamás hubieran imaginado, sino que además favorecen con sus visitas al agro y a la agroindustria.
Lo hemos señalado en otras oportunidades en este mismo espacio. Costa Rica debe trabajar en esto porque es mucho lo que podemos mostrar, pero vamos retrasados en una modalidad de turismo que se disfruta ya en el resto del mundo.
Ahora que el país está abocado a diversificar, incentivando la visita de turistas de todo el planeta, debe extender también la oferta. No tiene sentido que sigamos centrando la misma en mar y montaña, es decir, en lo que la naturaleza nos ha provisto, sin darle nosotros valor agregado.
En ese sentido, los hoteles hacen su parte, pero la mirada debe volverse por parte de las autoridades hacia las áreas rurales productivas porque hay allí un encanto desperdiciado.
 



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