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Junta directiva del Banco no autoriza su emisión
Hasta el Central desdeña moneda de un colón

• Elevado costo de fabricación de unidades de la divisa nacional ha hecho que desaparezca del mercado

• Fenómeno estaría ocurriendo con las monedas de ¢5 y ¢10 por lo que se ha caído en la práctica del redondeo

Wilmer Murillo
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El valor de las monedas de un colón realmente ha caído bajo. La gente no las utiliza, los comercios no las dan en los vueltos y como si fuera poco, la junta directiva del Banco Central no autoriza su emisión debido al alto costo de acuñación que ello implica.
Como resultado de lo anterior en la economía costarricense ha surgido lo que se denomina el redondeo real de los precios. Es una práctica generalizada en supermercados, librerías, pulperías y comercios.
En algunas ocasiones pierde el comerciante, en otras el consumidor, pero no hay reglas en el redondeo, lo que tiende a agravarse pues comienza a abarcar las monedas de ¢5 y ¢10.
“El fenómeno del redondeo del colón lo están clonando monedas de más valor”, explicó Ricardo Ramírez, director de Tesorería del Banco Central.
El funcionario indicó que si hoy el Banco Central acuñara monedas de ¢5 le costaría ¢10 cada una, y si decidiera fabricar monedas de ¢10 le saldría en ¢15 cada una.
Debido a los costos, la junta directiva del ente emisor desautorizó la emisión de más monedas de un colón, cuyo valor intrínseco superaría en seis veces el valor facial aun si se acuñarán en un material poco robusto y barato como el aluminio.
En el mercado pareciera que hay escasez de monedas de un colón, pero en realidad lo que se manifiesta es un desprecio por la divisa costarricense, dado su nulo poder adquisitivo, pues no alcanza ni para comprar un confite de mora.
El fenómeno alcanzó las monedas de ¢5, pues han sido emitidas 200 millones, que con una población nacional de 4,5 millones, indican que hay 50 monedas por habitante. Pero nadie sabe dónde están. Por ellas hay el mismo desprecio que por las de un colón, pues no se usan ni para dar un vuelto.
Aunque en esta denominación el Banco Central sigue emitiendo, Ramírez dijo que es como echarlas en un barril sin fondo. Van a dar al botadero, el cenicero del carro, al escritorio o a un chanchito.
En poder del público hay monedas con un valor de ¢32.270 millones, en tanto que en sus bóvedas el Central guarda 223 millones de piezas de ¢5, ¢10 y ¢25 con un valor de ¢726 millones.
Pero hay una amenaza que asusta hasta al Banco Central. También las monedas de ¢100 están en vías de extinción.
Ramírez indicó que especialmente los casinos están sustituyendo sus fichas metálicas por monedas de ¢100, disparando su demanda y con lo cual propician su desaparición del mercado.
Aunque el negocio es lícito, genera un problema para la autoridad monetaria, pues la moneda se ve cada vez menos en los supermercados y bolsillos de la gente.
Las implicaciones son que el Central pronto tendrá que triplicar la emisión de estas monedas, para lo cual ya se hicieron las estimaciones correspondientes en el presupuesto del Banco para el próximo año.
Mientras tanto para 2007 ya fue autorizada una emisión de 14 millones de piezas de ¢100 con un valor de ¢1.400 millones.
El Banco Central pondrá en circulación el próximo mes nuevas monedas de ¢50, ¢100 y ¢500 con un valor de $1.700 millones, que contrató con la fábrica suiza, Amera.
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