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¿Hasta dónde van a llegar?

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Cuando el presidente Solís anunció que no subiría los impuestos en sus dos primeros años de Gobierno, porque primero le tenía que demostrar a Costa Rica que se podían bajar los gastos, lo celebré.
Y como idea me sigue pareciendo correcta. Pero el problema es que ya se dio cuenta de que bajar los gastos del Gobierno no es tan fácil, que bajar el precio de la electricidad no es tan fácil, que bajar el precio de los combustibles no es tan fácil, como tampoco es fácil solucionar la mayoría de los problemas más importantes del país. Según su propio dicho, no es lo mismo verla venir que…
Pero el punto es que el déficit fiscal sigue aumentando y ya se están notando los efectos en las tasas de interés. Es solo cuestión de tiempo, y tiempo es lo que no sobra.
Por tal razón, seguir postergando decisiones no parece ser el mejor consejo, entre otras razones, porque los encargados de cobrar los impuestos cada vez sienten más presión y esa presión se está traduciendo en arbitrariedad administrativa, con tal de allegar más recursos en el corto plazo, aunque luego sea peor el remedio que la enfermedad.
Entre la extensa colección de arbitrariedades tributarias se puede encontrar la aplicación de precios de transferencia a punta de directrices internas o decretazos, cuando en todo el planeta Tierra se sabe que solo se puede hacer a través de una ley.
Otro es considerar que los servicios de Internet están gravados con el impuesto de ventas a través de una metodología expresamente prohibida por la ley, es decir la interpretación analógica.
La negación sistemática en la aplicación de exenciones cuando la normativa expresamente las permite, como lo son los proyectos eólicos que el país tanto necesita.
La multiplicación de obligaciones formales vía resoluciones administrativas que redundan en la aplicación de sanciones injustas y desproporcionadas a los contribuyentes.
La violación flagrante del principio de territorialidad, pretendiendo cobrar impuestos en Costa Rica por actividades evidentemente realizadas en el extranjero, como el caso de los futbolistas por su actuación en Brasil; o una de las más novedosas, como la consideración de que un parque nacional es lo mismo que un centro de recreo y por ende las entradas estarían sujetas al impuesto de ventas, que como por supuesto no se cobró, ahora resulta que hay deudas multimillonarias por los años que no se hizo algo que no había que hacer.
Casi prefiero pagar más impuestos con tal de que me devuelvan el Estado de Derecho en el que dicen que vivo.

Rafael Luna
Abogado Tributario
[email protected]

 

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