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Miércoles 9 Diciembre, 2009

Hambre en el mundo

Es aterradora la cifra. Para este año, ya son más de 1.000 millones de personas las que sufren hambre en el mundo cada día. En pleno siglo XXI, cuando hacemos alarde de las exploraciones interplanetarias, las clonaciones o el hallazgo de agua en la Luna, aún no hemos encontrado, aquí en el planeta verde, la manera de proveer de alimento a una sexta parte de nuestros congéneres
En noviembre se realizó la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria que pretendía, una vez más, buscar fórmulas eficaces en la lucha contra el hambre y contra la desnutrición que afecta, según cifras de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ) a más de 1.020 millones de personas. El objetivo primordial de estas reuniones es reducir de aquí a 2015 a la mitad el número de seres humanos hambrientos.
Sesenta jefes de Estado y de Gobierno, representantes de países ricos y pobres, altos funcionarios de organismos internacionales y de la sociedad civil (ONG) estuvieron presentes en dicha cumbre, tratando de encontrar fórmulas para llevar pan a la mesa de millones de seres humanos desposeídos y marginados de la riqueza mundial (es preciso anotar y preguntarse por qué, algunos gobernantes de los Estados más solventes no participaron en esta importante cita).
Paradójicamente, los fondos que se logran reunir para enfrentar la epidemia del hambre, son exiguos en comparación con las inversiones destinadas a la producción de armamentos que hacen los países poderosos, y los gastos que hacen, en la compra de esos letales productos, aquellos países pobres y paupérrimos, que muestran escalofriantes cifras de hambre y de desnutrición.
En 2008, el gasto militar mundial se elevó a $1.464 billones, lo que significa un equivalente a $217 anuales por cada habitante del planeta. En 2008, los países de América Latina se dieron el lujo de malgastar más de $34 mil millones, según informes recientes del Instituto de Investigación para la Paz localizado en Estocolmo. En estas condiciones, no es de extrañarse que el efecto espiral que produce la carrera armamentista sea hoy más que evidente en nuestro continente.
El mundo de hoy necesita más tractores, más tecnología agrícola para la producción intensiva de comida, necesita más humanidad, más misericordia y menos tanques, menos aviones y cero AK-47 para matar hombres, mujeres y niños. El mea culpa de los Estados al participar en estas reuniones anuales, muchas veces sin resultados viables, es muy poco lo que en la práctica le ha generado a esta parte de la humanidad, tan necesitada de pan y no solo de pan.
Desafortunadamente al concluir el cónclave de la FAO en Roma, sigue reinando el hambre. Las causas pueden ser muchas, la estructura de la agricultura de muchos países pobres, la indiferencia de los países ricos, los subsidios agrícolas de los más adelantados, la crisis actual. Sea lo que sea no se divisa una solución o amago de solución en el horizonte.
La humanidad, y sus líderes si son efectivamente racionales y creen en su supervivencia, no podrán pretender seguir en su camino hacia el futuro, con la conciencia tranquila, si una descomunal cantidad de sus miembros no tiene acceso a uno de los mínimos, como es la alimentación. Además, si comer y beber, son para el ser humano asuntos prioritarios y no los puede satisfacer, ¿qué podemos decir de la educación, de la salud, de la vivienda digna, del esparcimiento?

Johnny Sáurez Sandí