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Hambre más allá de ideología


La situación actual que vive el mundo de escasez de comestibles y como consecuencia el disparo de precios de los granos, fuente principal de alimentación de muchos países, como es el caso de Costa Rica, se desencadena por diversos factores que no desaparecerán sino que más bien pueden incrementarse (aumentos en el costo del crudo, producción agrícola como fuente energética, demanda creciente en países asiáticos).
Por ello las medidas tendientes a enfrentar la situación localmente no pueden ser de “apagaincendios” sino que deben prever con mucha seriedad la situación a corto, mediano y largo plazo.
La ayuda actual aprobada para la clase más vulnerable (el 58% del presupuesto asignado al Plan Nacional de Alimentos) es una disposición necesaria, pero esta debe ir acompañada de planes y acciones a mediano y largo plazo para reactivar al sector agrario en este sentido, luego de que ha sido desmotivado durante años y desviado hacia otras actividades.
Estas dos últimas medidas no pueden tomarse partiendo de la suposición de que en dos años ya tendrá el país cosechas de granos para autoabastecimiento a precios asequibles para las clases menos favorecidas económicamente.
Dentro de dos años lo que sí habrá es un cambio de gobierno, pero la estabilización, como lo señala el presidente de Conarroz, de un sector arrocero capaz de producir para contribuir al autoabastecimiento, puede tomar, en el mejor de los casos, entre cinco y ocho años.
Lo anterior porque además del acceso al crédito y a los seguros de cosecha, es necesario el desarrollo de obras de riego en terrenos aptos, drenajes, caminos y transferencia de tecnología que permita ser eficientes en productividad y minimizar riesgos. Esto además de despertar nuevamente la mística necesaria.
Estos factores que consolidarían nuevamente al sector y podrían disminuir la dependencia con sus peligros de desabastecimiento y elevación de precios, no se logran si no es por medio de una política nacional de largo plazo que trascienda cambios de administración en el país.
La seriedad del problema hoy exige pensar más allá, dejando de lado cualquier roce ideológico o visión cortoplacista.
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