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¡Hágase grande!

En un vídeo motivacional hindú, un árbol caído cierra el paso a los vehículos. Unos adultos se resignan a no avanzar y otros discuten al respecto. Un niño que va para su escuela en un autobús observa la escena y, sin pensarlo dos veces, coloca su mochila en la calle y empuja con todas sus fuerzas el pesado árbol. Sin percatarse de la lluvia, de su pequeño tamaño, ni de su limitada fuerza, este niño termina inspirando a todos a sumarse a su esfuerzo y logran remover el obstáculo. ¿Por qué lo hizo?
Algunos dirán: “Fue proactivo, no se quedó mirando”, “tenía compromiso con su meta y no midió las barreras”, “no esperó que otros hicieran algo y asumió el liderazgo”, y “creyó en sí mismo”. Lo cierto es que: “¡Simplemente ese niño se hizo más grande que el problema!”
La percepción de la magnitud de los problemas es inversamente proporcional a la fuerza de quien los enfrenta. Un equipo “que se la cree” es difícil de derrotar; su actitud ganadora, su cohesión y el dominio de sus talentos, le permiten confiar ante los desafíos. En cambio, quienes al mirar los obstáculos se paralizan, anuncian que estos son superiores a su potencial.
¿Realmente de qué tamaño son los problemas? ¿Será que ponemos más atención a las dimensiones de las adversidades que a nuestra capacidad para resolverlos? Incluso, no es extraño que un equipo malgaste tiempo y recursos en situaciones o conflictos que no hacen sentido por irrelevantes. Sin embargo, esa es una forma de evadir la confrontación de retos superiores a su fuerza colectiva y de condenarse a sufrir la tensión que surge cuando la respuesta es inferior a las presiones externas.
Con tan solo analizar los cinco desafíos más serios de una organización se descubre la estatura mental de quienes la dirigen. Mentes pequeñas problemas pequeños, mentes grandes problemas grandes, reza el dicho popular.
Si al comparar los retos con la capacidad para superarlos el resultado aritmético es desfavorable, es hora de ir al gimnasio de las actitudes para desarrollar músculos y levantar rocas en lugar de piedras pequeñas.
Las mentes grandes dejarán pasar situaciones en las que no se debe gastar energías, pues se pierde lo prioritario. La madurez de un equipo se demuestra también por las situaciones que deja de lado aun pudiendo confrontarlas.
¿Es más grande su equipo que los desafíos que enfrenta?

German Retana
[email protected]

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