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¡Hagamos un trato!

No es lo mismo estar juntos que unidos; tampoco lo es creerse equipo si tan solo se es un buen grupo. Le propongo este trato: al leer los siguientes párrafos evalúe a su equipo y si no está convencido de que en verdad alcanza esa categoría, usted hará algo para ayudarle a crecer hacia ese nivel.
¿Qué tal es la calidad de las conversaciones entre los compañeros? ¿Pueden expresar lo que sienten y piensan sin el más mínimo temor a represalias? ¿Se tratan los temas que sean necesarios con fluidez, sin tener que cuidarse de que alguien se resienta o se considere agredido? ¿Pueden expresarse sus miembros con sinceridad o es mejor callar para no meterse en problemas?
En un equipo con comunicación abierta, la creatividad fluye a cántaros porque nadie reprime ideas, todos están atentos a evaluar innovaciones y el respeto es tan elevado que escucharse es una regla de oro. El líder pide opiniones, estimula el análisis, invita al diálogo, escucha criterios antes de juzgar o decidir y es, incluso, abierto a recibir observaciones y retroalimentación de sus principales clientes internos: sus compañeros y colaboradores, quienes emularán estas actitudes.
¿Existe una solidaridad real y a prueba de conveniencias individuales? ¿Es más fácil expresar apoyo que apoyar? ¿En serio cuentan los unos con los otros en sus momentos difíciles? Los equipos crecen cuando sus miembros se comportan como las raíces de los gigantescos árboles sequoias, que son poco profundas pero se enlazan para ayudarse a crecer; ante los vendavales la arboleda se defiende con raíces unidas.
Si el equipo es unido, los actores externos dudarán antes de afectar a uno de sus miembros, porque saben que eso equivale a entrar en conflicto con todos. El respeto que se desee proyectar hacia afuera debe ser, primero, real hacia adentro. La solidaridad de palabra, es como la madera con comején; aunque aparente solidez, padece alguna fragilidad.
¿Están los miembros gozando los retos y la convivencia? El alineamiento emocional de cada persona con los ideales colectivos hace que fluya una energía positiva, constructiva y alegre. La satisfacción individual de los anhelos, por lo que se pertenece al equipo, permite que la actitud de servicio mutuo, la camaradería, el respeto y hasta el humor fino sean inherentes al ambiente de trabajo. Sin alineamiento hay alienamiento, que es la inhibición particular a cambio de no tener conflictos con colegas y jefes.
¿Le falta algo a su equipo para merecer esta categoría? En caso positivo, ¿qué hará usted, concretamente, para elevar la calidad de diálogo, la cohesión fuerte y verdadera, y el disfrute de enfrentar, juntos, con confianza y respeto mutuo, los desafíos compartidos? ¿Cumplirá el trato propuesto al inicio?

German Retana
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