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Sábado, 17 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Hacia una sociedad del conocimiento, la excelencia y la felicidad

Pedro Muñoz [email protected] | Martes 05 abril, 2016


 Los costarricenses debemos ser reconocidos como los más respetuosos, solidarios, responsables y libres del mundo

Costa Rica puede más

Hacia una sociedad del conocimiento, la excelencia y la felicidad

Costa Rica debe convertirse en una sociedad del conocimiento, de la excelencia y de la felicidad.

Sociedad del conocimiento:

Optemos por exportar más tecnología de la que importamos: exportemos nuestros productos agrícolas y agroindustriales porque tenemos las mejores especies, los mejores procesos de producción y no porque nuestra mano de obra sea la más barata; desarrollemos las medicinas curativas y preventivas, la nanotecnología y la inteligencia artificial del futuro.

Exportemos más energía de la que importamos —No nos conformemos con generar el 100% de la energía que consumimos con fuentes limpias; exportemos energía limpia a toda Centroamérica.

En materia de infraestructura, no solo necesitamos trasladarnos de forma segura y ágil, sino que debemos convertir a Costa Rica en una zona de paso para las mercaderías y las tecnologías de todo el mundo, de tal forma que nos convirtamos en el “hub” logístico de las Américas.

Debemos transformarnos en un país que exporte conocimientos, para que así como jóvenes españoles vienen a Costa Rica para estudiar medicina en el Colegio Universitario San Judas Tadeo, universitarios de todas las latitudes hagan lo mismo en nuestras casas de enseñanza y, por qué no, que sirvan como imán para las mejores universidades del mundo.

Sociedad de la excelencia:

Los costarricenses debemos ser reconocidos como los más respetuosos, solidarios, responsables y libres del mundo. Parafraseando a Benedetti, que donde haya un costarricense, esté donde esté, se sepa que si algo no es nuestro es de alguien más, que la palabra empeñada valga más que la más valiosa posesión, que las necesidades ajenas sean repugnantes, que la cultura imperante sea la de la atención, el servicio, el orden, la puntualidad, la libre expresión y el libre emprendimiento, la fidelidad sin perder el romanticismo.

Sociedad de la felicidad:

Los costarricenses debemos hacer llegar el día en que todos los niños y jóvenes costarricenses estudien motivados por el placer en vez de la obligación, en el que la población carcelaria per cápita sea la más baja del mundo; en el que no haya violencia doméstica, ni niños sin papá o abandonados y, quienes lo hayan sido, encuentren hogares adoptivos amorosos y protectores, en el que no hagamos distinciones por el color de la piel, por la preferencia sexual, por la religión o por la nacionalidad

¡Costa Rica puede más!
 

Pedro Muñoz