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Hacia un segundo New Deal

Alberto Raygada
Director de administración y finanzas

El mismo año en que el presidente Roosevelt asumió la presidencia de Estados Unidos, 1933, dio inicio el plan económico denominado New Deal (que puede traducirse como “una nueva mano de cartas”). Este plan estaba conformado por un conjunto de programas encaminados a estimular la economía norteamericana, con el fin de sacarla de la Gran Depresión, originada a finales de los años 20, que había provocado ya un nivel de desempleo de más del 25%.
Entre las principales iniciativas que se derivaron del New Deal se encontraban la reforma de la legislación bancaria y la reactivación del crédito, además la recuperación industrial y agrícola. También algunos otros programas cuyas instituciones se mantienen hoy en día, como son el sistema de seguro social, la comisión de valores (SEC), así como su programa más emblemático, la Administración para el Progreso del Trabajo (WPA).
Muchas son las críticas planteadas en contra de las políticas sociales y económicas que fueron aplicadas con el New Deal. Se cuestionó fuertemente la burocracia que generaron muchos de los programas de estímulo al trabajo, que asignaban cerca del 40% de su presupuesto a salarios administrativos. Las medidas de recuperación industrial y agrícola, que buscaban aumentar el consumo a través del control de precios y el aumento de salarios, terminaron incrementando los costos de los empleadores en casi un 50%.
A pesar de esas y otras muchas críticas más, creo que resulta valioso, dada la actual coyuntura económica, retomar los principios que impulsaron en su momento al New Deal, el cual, después de todo, contribuyó en forma importante en la recuperación de la economía norteamericana y mundial después de la Gran Depresión. Su filosofía se basaba en la reactivación de la economía a través del incremento del consumo y de una mayor inversión. Se buscaba aumentar la confianza del inversionista y crear poder de compra para los consumidores, principalmente a través de la disminución del desempleo.
A nivel de la empresa privada hay mucho del espíritu del New Deal que podemos aplicar para reactivar la economía en nuestro país. Si por ejemplo, en lugar de recurrir en primera instancia al despido de personal para reducir costos, innovamos para obtener un aumento en las ventas, generando un mayor valor al cliente por un mismo precio, lograremos evitar desestimular la economía y activaremos el consumo, que al final de cuentas es lo que todos necesitamos.
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