Luis Alejandro Álvarez

Luis Alejandro Álvarez

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Miércoles 14 Febrero, 2018

Hacia abril

Ya definidas las fuerzas que disputarán el Ejecutivo a partir del 8 de mayo de 2018, tenemos dos partidos antagónicos sobre temas muy puntuales y que han zanjado la sociedad en dos.

Diferencias así no se han visto desde hace muchas décadas, desde los convulsos tiempos de los cuarenta, y recientemente el referéndum por el TLC con los Estados Unidos.

Ambos grupos deben moderarse, llamar a sus simpatizantes a reducir el discurso del odio, y a calmar los ánimos.

No hay espacio para descalificaciones de quienes decidan votar por uno u otro, ni por las autoridades electas de uno u otro partido, o imposiciones de los seguidores de alguna de las dos banderas.

Debemos entrar en una etapa de convencimiento con razones.

El tema que centró la primera etapa de la campaña fueron el matrimonio igualitario, y las guías sexuales, dejando de lado asuntos también de relevancia, como el déficit fiscal, revisión de impuestos, transformación del impuesto de ventas en el IVA y su porcentaje de aplicación, infraestructura y de suma importancia: cómo combatir efectivamente la pobreza. De esto último elaboraremos más en otra entrega.

Esta segunda etapa de la campaña debe reorientarse y elevar a los primeros lugares de discusión de temas apremiantes como los indicados.

No podemos obviar la responsabilidad de los partidos políticos, todos, incluidos aquellos que no lograron los votos suficientes para posicionarse en la segunda vuelta electoral.

La nueva realidad demanda que haya una colaboración con quien finalmente sea el escogido por parte de los ciudadanos al acudir a las urnas una segunda vez.

Urgen acuerdos y entendimientos, pues quien llegue estará debilitado por lo bajo de los resultados obtenidos el 4 de febrero, esto aunado al alto abstencionismo, y que tanto uno como el otro cuentan con fracciones en el Congreso, de diez o 14 diputados, que no les dan el músculo político suficiente para promover las iniciativas propias.

La negociación es un imperativo, y sería dar un paso adelante que cualesquiera acuerdos que se den entre los diversos partidos, se hagan públicos, para que la ciudadanía los conozca, y evitar así espacio para rumores o malas interpretaciones.

Buenas nuevas han sido los grupos que se han organizado e involucrado a muchas personas —en su mayoría jóvenes— que por primera vez se interesan en participar y colaborar en miras a una elección.

Esperemos que este interés no se apague luego del Domingo de Resurrección, y que busquen unirse a los partidos de los cuales son simpatizantes.

Costa Rica somos todos, y es responsabilidad nuestra que este terruño siga siendo lo que ha sido, y que mejore.

Esa responsabilidad no la podemos evadir por nuestros conciudadanos, por aquellos que han escogido esta tierra como su nueva patria, y por todos aquellos ticos que todavía no han nacido.

A muchos agobia el hecho de que el 1° de abril sea el día en que finalizan las vacaciones de la Semana Santa, y que esto vaya a incidir en una poco afluencia de votantes.

Es parte de nuestra responsabilidad organizarnos y hacer el ajuste de planes que se tengan, para acudir a emitir el voto. No se vale no ir a votar.

Hemos de celebrar que en el Congreso, en este periodo de extraordinarias, ya se aprobara unánimemente en primer debate la iniciativa del Ejecutivo para modificar la Constitución trasladando la fecha del balotaje para futuras elecciones, a un mes luego de efectuadas las elecciones generales.

Este es un claro ejemplo de que los acuerdos, que han caracterizado a Costa Rica por su madurez política, se pueden lograr, y con base en ellos se podrá seguir avanzando.