Grito de esperanza
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Grito de esperanza


El multitudinario movimiento de colombianos de este fin de semana, en un grito de paz lanzado al mundo, prueba que las esperanzas de un pueblo por recuperar su tranquilidad no han desfallecido.
Miles de ciudadanos de ese país se aglutinaron a lo largo de las 32 capitales departamentales con el fin de exigir la liberación de las cerca de 3.500 personas que según algunas estimaciones se encuentran secuestradas, muchas de ellas a manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Colombia es un pueblo cuya historia lamentablemente ha estado ligada a las armas. Tras una guerra civil —bautizada de los Mil Días— se produjo la independencia de Panamá en 1903. Tres décadas después —en 1932— enfrentó una guerra territorial con Perú; en 1948 estalló una nueva guerra civil que se prolongó hasta 1960 y a partir de entonces se produjo el surgimiento de los carteles de la droga y las guerrillas, con los cuales ha tenido que lidiar hasta la fecha.
Esto sin duda ha permeado en una sociedad, inmersa en la violencia, temerosa de sus vecinos, desconfiada de sus gobernantes, pero que también está sedienta de mejores oportunidades, de un nuevo horizonte en donde por fin brille la luz de un futuro pacífico para los hijos de sus casi 7 millones de habitantes.
Las multitudinarias congregaciones de este fin de semana así lo demostraron. Una sola idea los une: paz para Colombia.
Esta es una visión que debe ser compartida y apoyada con mayor determinación por gobiernos vecinos, por aliados y sobre todo por las potencias mundiales, especialmente Estados Unidos, principal interesado en la lucha contra el narcotráfico.
La lucha contra las drogas debe ser decidida, se le deben prestar la atención y los recursos adecuados.
Hasta el año anterior, Estados Unidos destinaba por día unos $264 millones a la guerra en Irak, de acuerdo con estimaciones de algunas agencias internacionales. También en 2007, el gobierno de Alvaro Uribe recibió de los estadounidenses lo que George W. Bush gastó en solo tres días en Irak, para atacar las drogas durante todo un año.
Las diferencias son más que elocuentes. Ante ello, resulta indispensable que el grito de paz de los colombianos trascienda las fronteras, y cale en los oídos de aquellos gobernantes que tienen el poder de inclinar la balanza.

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