Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 1 Marzo, 2012


De cal y de arena
Grecia y el precio del fiestón

Hay amores que matan. Y los delirios amorosos para con Grecia de los gobiernos adscritos al euro como moneda oficial, pueden resultar el origen de una fatalidad. Porque las autoridades griegas se sometan a las asfixiantes, densas y gravosas condiciones que imponen desde la eurozona el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional, Alemania y Francia, o porque Grecia no se hinque.
En el primer caso, la fatalidad podría desatarla una rebelión popular atizada por la grave crisis económica y la extendida percepción de que las cargas del sacrificio no están distribuidas equitativamente. La violencia en las calles, la quema de edificios, la paralización de los servicios públicos, son suficientes indicios de que la ira popular puede alcanzar el caos, cosa que haría imposible gobernar.
Europa lo visualiza y por eso ahora exige que la sumisión a las condiciones que impone para dar los cientos de miles de millones de dólares llamados “a salvar” a Grecia, sea avalada por todos los partidos y asumida por el gobierno que salga de las elecciones convocadas para dentro de pocas semanas.
En la otra posibilidad que Grecia repudie tan exigentes condiciones y no ceda a las exigencias de la eurozona el fantasma de la bancarrota se asoma y los principales acreedores de Grecia bancos alemanes y franceses entrarían en crisis. El FMI, el Banco Central Europeo y la UE temen que la bancarrota griega desate un tornado.
Hay marcadas diferencias entre la situación de Grecia y la situación de Costa Rica. La principal, es que las convulsiones de la economía costarricense no desestabilizarían a ninguna otra economía, ni siquiera las del vecindario. Tendremos que tascar el freno solos si no tomamos en serio el saneamiento de las finanzas públicas. Y eso de sanear las finanzas públicas para evitar una caída en barrena es algo que atañe a todos y que pasa por un sinnúmero de requisitos referentes a la disposición racional del presupuesto nacional, la progresividad del sistema tributario, el freno de la evasión y la elusión y el fin de las gollerías, las de todos.
Grecia está viviendo los efectos de un fiestón y si en Tiquicia seguimos en un fiestón de parecidas dimensiones, pagaremos el muy alto precio del recetario de abstinencias que impone el FMI. Lo advierte repetidamente la Presidente Chinchilla sin hallar eco, quizá porque su prédica acusa nada más que a algunos y no responde a la característica integral del problema: la soldadesca de la administración pública no está sola en el fiestón de privilegios; le acompañan muchísimos jerarcas.
La voz presidencial será prédica en el desierto si simultáneamente no denuncia ni repudia las prebendas de los grandes jerarcas también pegados a la ubre del Estado y si consiente como lo ha hecho con que en la reforma tributaria que tramita el Congreso se haya prorrogado la vida de tantos regímenes de excepción. Desvela la caída de Grecia. ¿Y a quién desvelaría la nuestra?

Alvaro Madrigal