Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

Enviar
Lunes 21 Diciembre, 2015

Sabemos el inmenso peligro que significa el aumento de temperatura causado por la actividad humana desde la Revolución Industrial

Disyuntivas

Gracias por París. Gracias Costa Rica

Celebramos los acuerdos sobre cambio climático alcanzados en París. Desde el Protocolo de Kioto hace 18 años se trata de lograr un acuerdo global que signifique una disminución constante y verificable de las emisiones de CO2 durante este siglo.
Sabemos el inmenso peligro que significa el aumento de temperatura causado por la actividad humana desde la Revolución Industrial. Debemos, pues, evitar al menos parte de ese cambio climático. Y después de muchos intentos se logró cerrar una negociación que es base para un protocolo ejecutable en 2020.


El acuerdo esencialmente lo forman compromisos nacionales para limitar sus emisiones, y fija un objetivo más ambicioso en límite de temperatura. En el pasado fue no llegar a un aumento de más de 2 grados centígrados por encima de su nivel en la era preindustrial. Ahora se fija un límite de 1,5 grados.
Como conocemos el peligro pero no el impacto exacto de cada pequeñísimo aumento de la temperatura, un límite inferior da más seguridad. Ahora hay una meta global compartida y compromisos diferenciados de las naciones para limitar el calentamiento.
También se acuerda que los países más ricos financien a las naciones en desarrollo para lograr sus objetivos sobre emisiones.
Se señala en el preámbulo —que tiene menor fuerza en derecho internacional— una meta de al menos 100 mil millones de dólares por año y se indica que se deben incluir las estrategias específicas de los países que serán asistidos.
Se establece un sistema transparente y uniforme para medir las reducciones de emisiones de carbón, y se hace tomando en cuenta las diferencias de capacidades y el conocimiento colectivo de todos los países.
El Acuerdo de París además establece que todos los países deben alcanzar pronto su pico de contaminación para empezar a reducir las emisiones, de manera que en la segunda mitad del siglo cualquier emisión de carbono sea compensada por un aumento de la absorción por nuevos bosques y por nuevas tecnologías.
Por primera vez se reconoce la necesidad de prevenir, minimizar y atender los daños y pérdidas asociados con el cambio climático, lo cual es un avance muy importante para los países pobres insulares o con litorales, expuestos al aumento del nivel del mar.
Cada cinco años los Estados deberán someter nuevas metas para reducir emisiones. Esta es una de las más importantes contribuciones, pues las metas de las naciones son voluntarias y las actuales están lejos alcanzar los objetivos globales de reducción del calentamiento.
En conservación de bosques nuestro país ha ejercido un enorme liderazgo. Se estableció en París el mecanismo REDD (sigla en inglés para Reducción de Deforestación y de la Degradación de los Bosques) que adopta nuestro sistema de pago por servicios ambientales (PSA).
Este es el mayor reconocimiento a la tarea de los bosques de compensar la contaminación humana de la atmósfera.
El PSA se genera en 1996-1997 y se pone en ejecución con el cobro de impuestos a los combustibles contaminantes en 1998: el que contamina, paga; el que mitiga, gana. La Concertación Nacional con su aprobación del Consenso por un Futuro Compartido consolidó y dio vigencia de largo plazo al PSA que ahora recoge con vigor el Acuerdo de París.
Mi gratitud a los costarricenses que lo lograron en ese gran proceso de creación de acuerdos. También mi reconocimiento —y debe ser de todos— a nuestra compatriota Christiana Figueres que se ha distinguido por su hábil conducción del proceso que culminó y arranca en París.

Miguel Ángel Rodríguez