Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 24 Septiembre, 2013

Si todos fuéramos como ese gran hombre, nuestros puentes no se estarían cayendo y todos estaríamos trabajando juntos para construir un mejor país


¡Gracias, Maestro!

Cada vez más preocupados por el futuro y presente de nuestro país, nos preguntamos dónde están esos hombres y mujeres que pueden hacer la diferencia y redireccionar el rumbo. ¿Será que estamos perdidos en nosotros mismos? Tal vez la respuesta es tan sencilla que no la podemos ver, o peor, pretendemos no conocerla.
Hace diez días falleció para mí y muchos más un gran maestro, no solo un maestro de obras de profesión, sino un maestro de la vida y hoy de la muerte.
Don Aquiles Jiménez Guzmán no fue una figura pública, aunque debió serlo. Por ello hoy le dedico este artículo. Estoy segura de que con su ejemplo muchos han enrumbado su existencia, tal vez usted también lo haga, o al menos medite acerca de lo que está haciendo con la suya…
¡Si tan solo nos enseñaran a vivir la vida como lo hizo don Aquiles!
No tuvo una vida fácil, trabajó de sol a sol, con absoluto compromiso, dando siempre lo mejor de sí. De gran humor en todo momento, en especial en los difíciles, sacaba la sonrisa de cualquiera y el apoyo del vecino o compañero de trabajo para lograr lo mejor de cada uno. Con el ejemplo y con una sonrisa en la boca. Con esfuerzo diario y sin quejarse.
El ser humano siempre era lo más importante. Dejaba todo con tal de ayudar a aquel que lo necesitara.
Una vez, después de muchos años de esfuerzo, se les quemó la casa, venia de camino de un “domingo” de trabajo en la construcción del hospital de Cartago, cuando le dicen que se habían quedado sin nada. ¡Todo se había quemado!
Llegó al barrio donde vivía, en Guadalupe y se encontró a doña Julia (su siempre amada esposa) con todos sus hijos en la calle. Con una sonrisa en la cara: -“¡No te preocupes, mujer! ¿Están todos bien? ¡Entonces no ha pasado nada!” Todos los vecinos los ayudaron y no les faltó nada. Al poco tiempo ya la familia unida con el apoyo de la comunidad, había construido de nuevo su hogar.
Nunca condujo un auto, decía que a donde fuera podía llegar caminando.
Su trabajo era su motor, su corazón y el amor de su familia su esperanza y gasolina y la sonrisa era el reflejo de que siempre habría una mañana mejor.
Con 67 años de casado con una gran mujer, aquella con la que compartió sus principios, valores y gran esfuerzo, pero especialmente un gran amor. Juntos criaron a 11 maravillosas personas.
Sus enseñanzas de vida: ¡Primero la fe! ¡Con ello nada falta!; vivir sin excesos, tomar de la vida solo lo que se gana con esfuerzo y sudor de la frente, disfrutar cada momento de la vida, sea este bueno o difícil.
Porque ¡hay que darle gracias a Dios que estamos vivos y nada nos faltará! Y así fue. Ayudar a todo aquel que lo necesite, sin importar las circunstancias. Amar a todos y construir con cada grano de arena una gran obra!
Si todos fuéramos como don Aquiles, nadie tendría problemas con el vecino, con un amigo, entre la familia. Si todos fuéramos como ese gran hombre, nuestros puentes no se estarían cayendo y todos estaríamos trabajando juntos para construir un mejor país.
Gracias, maestro, porque todo aquel que te conoció, recibió grandes enseñanzas para su vida.

Mónica Araya
Presidente CRECE
maraya@creceam.com