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¡Gracias, “enemigos”!

Todos queremos ganar. Aspiramos a ser cada vez más prósperos. Lo lograremos si aprovechamos oportunidades para desarrollar aptitudes emocionales y fuerza mental. Decirlo es fácil, el reto es hacerlo.
¿Y quiénes crean tales oportunidades? No son nuestros grandes amigos, sino nuestros enemigos. “Ellos son los que más problemas nos dan. Así pues, si realmente queremos aprender, deberíamos ver a los enemigos como nuestros mejores maestros”. Esto lo afirma el Dalái Lama, y agrega que los enemigos nos obligan a fortalecer la paciencia, la razón, y la compasión. Ellos podrían actuar contaminados por la ira y el odio, las emociones más dañinas en toda relación. Además, si se suman el miedo, la inseguridad y el egoísmo, no habrá rumbo seguro.
Lo riesgoso es encontrar a estos adversarios en nuestras propias organizaciones, pues esas emociones negativas pueden acabar con la cohesión, la confianza, y la capacidad para alcanzar los objetivos.
Para el Dalái, la ira y el odio son los verdaderos enemigos, no las personas que padecen esos males; ellas se hacen daño a sí mismas, porque la cosecha de sus acciones regresará a sus manos. Quienes plantan las malas semillas ocasionarán problemas a otros, pero no tardarán en ser depositarios de las tempestades que causan.
Las actitudes negativas tienen origen en sufrimientos, a veces incomprensibles para quienes las padecen. Nuestra peor reacción sería la confrontación con acciones idénticas a las que engendran el daño. Eso solo haría crecer el conflicto y la enfermedad emocional en el equipo.
Una respuesta constructiva es entender los orígenes de las conductas negativas, analizar y ser comprensivos con quienes sufren a causa de su ira. El segundo paso será la proactividad para ayudarles a disminuir el dolor que les induce a tales comportamientos. Una simple medición de fuerzas solamente agravaría la situación del equipo.
No habrá garantía de éxito al ser compasivos, y algunos nos advertirían que es una pérdida de tiempo, pero ¿qué ganamos al hacerlo? Nuestra serenidad de conciencia aumenta al reconocer un mal y responder con inteligencia; el respeto por nosotros mismos se fortalece al no ser indiferentes ante el sufrimiento ajeno, la habilidad para razonar pese a la provocación nos vuelven más ecuánimes; finalmente, seremos más pacientes ante los enemigos y la adversidad, lo cual, lejos de ser un síntoma de debilidad, lo es de fortaleza interior.

German Retana
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